Rafael Rodríguez
UN DESCONOCIDO INTELECTUAL
Vivió la vida con pasión, participando en carreras de motos, interpretando papeles en Teatros de aquí y de allá; trabajando en el diario PUEBLO como corrector de estilo, haciendo de la lectura la base del conocimiento que te lleva a otros mundos, incluso terrenales; participando en la edición de revistas y libros... caminando hacia los noventa años, tuvo que bajas la velocidad. Su cabeza le funcionaba, su cuerpo no respondía como él deseaba. Su familia y amigos le recordaremos como lo que realmente fue: un intelectual. Que no fuera conocido, fue obra del azar
El martes 16 de junio 2026, Atocha me informó de la muerte de su padre, Rafael Rodríguez (Madrid 1940). La noticia me dejó perplejo. Un día antes me puso un WhatsApp en el que me decía que su padre había dejado el hospital y llevado de nuevo a la residencia de Pedro Bernardo (Ávila). Entendí que Rafael había superado un bache físico, producto de sus muchos años.
El miércoles 17 de junio del 2026 viajé con Diego hasta El Tiemblo, pueblo de Ávila donde había sido trasladado Rafael Rodríguez para su velatorio. Después sería incinerado en El Escorial (Madrid), donde está el crematorio más cercano al pueblo de El Tiemblo.
Para llegar a El Tiemblo, desde Madrid, hay que circular por la M-501, la carretera de los pantanos, hasta Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias. Un pueblo más allá, siguiendo la N-403, está El Tiemblo. Dentro del término municipal se localiza un castañar, con ejemplares centenarios; y se pueden visitar “Los toros de Guisando”, unas esculturas ibéricas de piedra berroqueña.
Mi amistad con Rafael Rodríguez se remonta al año 1971, cuando trabajaba en el diario PUEBLO (aunque empecé a trabajar en el año 1969). Rafael trabajaba en “la Platina”, en los talleres del periódico, instalados en una de las plantas del sótano. En aquel gran sótano estaban las rotativas, máquinas colosales que podían “tirar” miles de periódicos a la hora.
Rafael estudiaba Derecho en la complutense, tras superar las pruebas de acceso a la Universidad para mayores de veinticinco años. Yo estudiaba Periodismo, en la recién creada facultad de Ciencias de la Información.
En mi facultad de Periodismo tuve dificultades con la asignatura de Economía, en sus planteamientos teóricos. Siempre pensé que la Economía tienen que ver más con las seudociencias de la adivinación, que con la realidad. Los pronósticos de los economistas siempre aciertan a posteriori: fallan más que una escopeta de feria. Rafael me ayudó en la asignatura de Economía, explicándome conceptos que tuve que memorizar, porque nunca creí en las teorías capitalistas de la Economía. El resultado final de su ayuda fue que aprobé la puñetera asignatura. Siempre le estaré agradecido.
En la Universidad Complutense de Madrid, en la Facultad de Derecho, sufrimos una dura experiencia con la Policía Nacional de la dictadura franquista. Habíamos quedado para consultar en la Biblioteca de la Facultad (marzo de 1974), pero un día antes el país se conmocionó con la ejecución a garrote vil de Salvador Puig Antich, un joven de 25 años: no tuvo un juicio con garantías procesales. En el franquismo, los jueces estaban al servicio de la dictadura.
Estábamos en una de las esquinas del hall de la Facultad de Derecho. Todo el hall estaba lleno de carteles: protestas contra una ejecución. En un momento impreciso, escuchamos gritos de “¡Policía, policía!”. Entraba la Policía a la Facultad, mientras ardían todos los carteles que caían sobre los “grises” (la Policía en esos años vestía unos uniformes de color gris).
Con su habitual “suavidad” la Policía empezó a repartir hostias como panes. Rafael y yo, en ese momento, nos quedamos pegados de espalda a la pared, atónitos ante el “espectáculo”: ¡qué manera de repartir! Estábamos acojonados. En otro momentos, vimos que podíamos escapar de esa ratonera, al quedar una de las puertas expeditas. No lo dudamos: corrimos hacia el exterior, para dirigirnos a su coche y escapar de aquella ensalada de palos. Camino del coche, enganchamos a una joven estudiante y la arrastramos al coche para sacarla de aquel ring en el que sólo “la madera” repartía con ganas, a conciencia. Ya dentro del coche, un Volkswagen tipo 3, de color verde, fuera de la facultad, vimos a un tipejo pequeño, armado de una buena porra, repartiendo al azar. No le gustaban los pitidos de protesta de los coches. Los tres, en el interior del coche de Rafael, pusimos cara de póker y nos dejaron salir de la ratonera. Rafael condujo su vehículo hasta Moncloa, para pararnos en el “Bar Manolo”. Nos bajamos para tomar unas cañas y calmar nuestras resecas gargantas. La muchacha, nos dio las gracias y se marchó en dirección Argüelles horrorizada. Nunca la volvimos a ver.
EL FINAL DEL DIARIO PUEBLO.- En el diario PUEBLO, muerto en su cama el sanguinario dictador, una vez recuperada la democracia, era cuestión de tiempo que se plantearan qué hacer con los medios de comunicación de la dictadura, la llamada “Prensa del Movimiento”.
Antes del cierre del diario PUEBLO y otros medios de comunicación, hubo que pasar por la llamada “Transición”, establecida entre 1975 y 1982, con la llegada al Poder del PSOE. Fueron tiempos duros, de atentados, intentos de golpe de Estado y el golpe de Estado del 23F, en 1981, cuando un bigotudo extravagante decidió asaltar el Congreso, pistola en mano, para recuperar las esencias de una dictadura más que podrida. No les debió parecer suficiente que los nuevos demócratas dejaran intactas estructuras del Estado básicas para la convivencia, como la Judicatura, la Policía, el Empresariado creado entre 1939 y 1975… querían más privilegios, en unos años en los que la sociedad española estaba harta del tipejo ese bajito, de instintos criminales y voz aflautada, gran dictador en el Poder durante cuarenta años.
Rafael vivió en primera persona el cierre del diario PUEBLO, un cierre traumático: formaba parte del staff que gestionó su cierre (una gran medida de los “transicioneros” fue recolocar en el Estado a los trabajadores que no tuvieran otra salida laboral). El periódico tenía su prestigio, sus trabajadores tenían buenos sueldos… de pronto todo se desplomaba. La Redacción, donde convivían periodistas de todas las tendencias políticas, desde anarquistas a franquistas de pistola en la sobaquera, estaba dividida. No había, por tanto, un proyecto común.
En esa situación, llegaron los reproches, la búsqueda de culpables, ignorando que el periódico, de origen sindical franquista, no tenía espacio en el contexto de una democracia. Buscaron culpables: decidieron señalar a José Antonio Gurriarán, el último director de PUEBLO. Hizo lo que pudo por salvar el periódico. Tarea inútil: el periódico, que sólo generaba pérdidas, ya estaba condenado con anterioridad. Pero nunca le perdonaron y culparon del cierre del diario PUEBLO.
Rafael Rodríguez se recolocó en la Dirección General de Migraciones, del Ministerio de Trabajo. Gracias a una de sus gestiones, pude "recolocarme" como redactor de la revista de información general “Carta de España”, en 1985 –un año después del cierre del diario PUEBLO–, una publicación destinada a todos los emigrantes españoles repartidos por todo el mundo.
En 1985, fundé con Diego Martín la revista “Noticias Bibliográficas”. Rafael se incorporó al proyecto, ayudándonos en la maquetación de la publicación especializada. Al no tener subvención alguna, podíamos escribir con entera libertad. Y editamos libros, de pequeñas tiradas, actualmente bastante buscados por los bibliófilos. Por supuesto, Rafael siempre nos aportó sus conocimientos en tipografía, que eran muchos.
Rafael creó o ayudó a crear un importante Club de Lectura en Pelayos de la Presa, donde todas las semanas leían y analizaban obras literarias. Rafael, hombre erudito, sentía auténtica pasión por Salvador Madariaga y Nicolás Sánchez Albornoz. Recuerdo que presenté en el Club de Lectura de Pelayos de la Presa, donde Rafael decidió vivir su vejez, el libro “La Leica de Tina Modotti”, una “reconstrucción biográfica” de los años que pasó en España la fotógrafa ítalomexicana, durante la guerra civil española. La presentación del libro y del autor la hizo Rafael. Y recuerdo que me sorprendió. Leyó el primer párrafo de mi libro “El ladrón de sueños”. Quiero reproducirlo, recordando su voz: “Epulón no se llamaba Epulón. Epulón era el apodo de José Encinas Moreno, de 45 años, interno en el centro psiquiátrico por haber cortado las manos a un joven pianista, haberlas guisado, servido y comido en su restaurante. Epulón, narcisista y ególatra, dominado por sus filias y sus fobias, odiaba la música de Wagner: no la resistía. Le provocaba ataques de furia, con deseos homicidas, por asociarla a las peores ideas totalitarias. Y aquel joven pianista, de mirada angelical, interpretaba a Wagner angelicalmente, despertando emociones profundas. Y para evitar que la música de Wagner llegara al almario emocional de la buena gente y pudiera contaminarla de totalitarismo, decidió cortarle las manos. Tendría el castigo añadido de no poder nunca más tocar un piano”.
La introducción de Rafael descolocó a los asistentes. Y volvieron a descolocarse con el resumen de “La Leica de Tina Modotti”. Nadie hubiera pensado que ambas obras son del mismo autor: Pablo Torres. Pasamos una buena tarde, charlamos de esto y de aquello… y salió el tema del diario PUEBLO. El periódico tuvo su prestigio en el franquismo, definiendo una contradicción más de lo que fue la dictadura, a través de uno de sus medios de comunicación, o manipulación. Según se quiera interpretar.
La última colaboración que hicimos fue publicar “El doncel”, en segunda edición. Rafael quería regalar un buen libro a sus amigos del Club de Lectura y me pidió permiso para una nueva edición de la obra, finalista años atrás en el segundo Premio de Novela Histórica, ciudad de Toledo, entre más de 150 escritores. Fue la única obra que la editorial MR, del grupo Planeta, no quisieron publicar. ¡Allá ellos y lo que publican! Si dejas una marca en manos de un “mamarracho analfabeto” actualmente, al parecer, autor premiado, pasa lo que pasa. La obra conoció una segunda edición, para lectores a los que les gusta la Literatura auténtica, no industrial, esa que lo primero que te dicen es que ha vendido miles y miles de ejemplares…omitiendo las enormes campañas publicitarias: es importante que las masas se amansen y embrutezcan y pierdan el tiempo con lecturas insubstanciales, frívolas, estériles.
Podría escribir más y más sobre Rafael Rodríguez: su pasión por la motos y sus accidentes, que la velocidad marca sus precios; su pasión por los libros y las lecturas clásicas; sus ensayos en Facebook, largos como días sin cerveza; su pasión por el Teatro, como arte escénico; su pasión por los ordenadores, donde encontró una ventana a otros mundos…
Un último añadido. La parte biográfica de Rafael Rodríguez, en el tiempo en el que estuvo en el diario PUEBLO, está en el libro “Diario PUEBLO, Periodismo de trincheras”. Es una obra inédita por deseo del autor: no pretende juzgar a nadie. Es su particular interpretación de lo que vio y sintió en aquel periódico, en aquellos años de juventud. Son sus memorias, coincidentes o no con otras memorias de otros periodistas del diario PUEBLO.
Pablo Torres (Madrid, 18 de junio 2026)
NOTA.- Rafael Rodríguez García falleció en una residencia de Pedro Bernardo,
Ávila, el martes 16 de junio del 2026. El 20 de julio hubiera cumplido 86 años.