FRANCISCO ZAMORA,
EL BALLENERO RECONVERTIDO EN ESCRITOR
Foto: Pablo Torres
El 22 de noviembre del 2025 fallecía en Madrid el escritor y periodista Francisco Zamora. Entre su producción literaria: "Conspiración en el green", "Como ser negro y no morir en Aravaca", "Memoria de laberintos", "Desde el Viyil y otras crónicas", "La república fantástica de Annobon"... en febrero del año 2025, Francisco Zamora y Pablo Torres, buenos amigos desde hacía muchos años, hablaban de buena Literatura, no industrial, en un bar de la zona de Moncloa.
Mañana fría, soleada. Argüelles, barrio guapo de Madrid, en la zona oeste. La lluvia nocturna, inicio del miércoles, día 12 de febrero 2025, limpió la habitual contaminación de la ciudad. El punto de encuentro entre Francisco Zamora y Pablo Torres, era el Bar Manolo, un local mítico de los universitarios del tardofranquismo y la transición a la democracia (años 1975-1982). Junto a la puerta del “Manolo”, una mendiga posiblemente rumana, cargada de años, mano extendida, reclamando unas monedas para sobrevivir. La villa y Corte siempre fue territorio de mendigos y carteristas buscándose la vida. Es lo que hay, poco o mucho.
Francisco Zamora, puntualidad británica, llegó a la hora acordada. Es nativo colonial de las provincias españolas en el África tropical, con su DNI español, con su acento madrileño. Francisco Zamora y Pablo Torres, periodistas y escritores, querían hablar de Literatura, de la vida narrada en un texto escrito o manuscrito que pudiera servir para las generaciones futuras… pretensión exagerada de estos dos escritores de obra excepcional e infrecuente, en un mundo exagerado, cuando se toma la vida en serio.
Como periodistas, Francisco y Pablo tienen en Adolfo Ribas un punto de referencia. Los tres coincidieron en una publicación para emigrantes españoles, expandidos por todos los rincones del mundo; los tres compartieron trabajo, escribiendo en una publicación de difusión mundial, “Carta de España”: les llevaban noticias de su país; los tres hacen de la amistad el principio de la convivencia.
Una buena definición de Literatura no
se corresponde con las definiciones de la RAE: “Arte de la expresión verbal”,
“Conjunto de obras que versan sobre una determinada materia”, “Palabrería”…
Literatura podría ser “el Arte de contar la vida a través de la escritura, o
de forma oral; narrando la vida tal y como es, o a través de ficciones”.
Una buena definición de Literatura no se corresponde con las definiciones de la RAE: “Arte de la expresión verbal”, “Conjunto de obras que versan sobre una determinada materia”, “Palabrería”… Literatura podría ser “el Arte de contar la vida a través de la escritura, o de forma oral; narrando la vida tal y como es, o a través de ficciones”.
No sé si Francisco Zamora Loboch, periodista y escritor, estará de acuerdo con la definición tan poco académica que se expone en este artículo, sobre su producción literaria; aunque se sabe que es un personaje lleno de verdad, sin imposturas.
Pablo Torres conoce la obra de Francisco Zamora. En diciembre del año 2009, publicó una entrevista en la que el autor decía: “Ningún editor arriesga con un autor nuevo”. Tenía razón, aunque en sus declaraciones se definía como novelista, poeta a su pesar, hombre de África “extraviado” en España. Además de su pasión por la escritura, Paco Zamora manifestaba su pasión por el fútbol, llegando a entrenar a un equipo infantil.
CONSPIRACIÓN EN EL GREEN.- En ese año del 2009, publicó una gran novela “Conspiración en el green (El informe Abayk)”, editada por Sial, Madrid 2009. Aborda unas extrañas operaciones o conspiraciones en su isla natal, Malabo (antigua Santa Isabel, provincia española). Francisco Zamora Loboch, que debió nacer a mediados del siglo XX, en un mes de agosto, sorprendió a propios y extraños con un divertido libro: “Como ser negro y no morir en Aravaca” (Ediciones B). Y para los forofos de la poesía dejó caer algunos poemarios “Memoria de laberintos” (Sial 2009). Antes publicó “Desde el viyil y otras crónicas” (Sial, Madrid 2008).
Francisco Zamora coincide con Pablo Torres en que los editores quieren vender y vender a toda costa. Es un poco la “Ley del best-seller”, matiza Zamora Loboch. No quieren arriesgar con un autor nuevo o poco conocido, menos en tiempo de crisis, menos si aplican criterios edadistas. Quieren novelistas jóvenes, cuando un novelista necesita años para formarse. No se encuentra un Benito Pérez Galdós con veinte años. Cervantes no tenía treinta años cuando escribió “El Quijote”. Pero… es lo que hay.
Pablo Torres le preguntó a Zamora Loboch por “Conspiración en el green”. El escritor le respondió: “La novela es un género que admite todo y de todo. Lo único que exige a cambio es que el autor sepa administrar el material que tiene entre manos. En ese sentido he intentado que mi “conspiración” tenga una sólida base, con datos probados de manera que resista al tiempo y al género en que quieran insertarlo mis lectores”.
–Guinea es el único país del África negra en el que se habla español. ¿Se habla un buen español, se habla un español guineano?
–Los hispanoparlantes, y en ese apartado hay que incluir a todos los millones de personas que, en el mundo nos expresamos en el idioma de Cervantes, no hacemos cuestión de honor y orgullo el uso del español, como sería el caso francés; y hemos ido dejando que se deteriorara nuestro idioma en Guinea. En Guinea se sigue hablando español pero cada vez con más dificultades.
Cuestión importante en la entrevista fue el tema de una “literatura guineana” de origen oral, basada en la tradición oral. Francisco Zamora señalaba que la defensa del español en Guinea la hicieron los trasterrados de la diáspora y el exilio: “Es en España donde autores como Donato Ndongo Biyogo, María Msue o Justo Bolekia han desarrollado toda su obra. En Guinea hay un retén, una excelente cantera con gente como César Mba, José Siale o Ávila Laurel. Todos publican fuera porque el Gobierno guineano les marginaba y ninguneaba”.
Pablo Torres le planteó las posibles influencias de las cultura africanas en las culturas europeas, cuestión delicada por el multiculturalismo latente entre continentes.
–Vivimos en un mundo multipolar. Ninguna cultura puede, actualmente, abstraerse de las otras. Lo que se genera en un continente revierte en los otros: el trasvase entre culturas es una realidad. Eso incluirá, tarde o temprano, las grandes culturas orales africanas, con sus mitos y tradiciones.
Francisco Zamora habla de la presencia minoritaria de las mujeres guineanas en la Literatura, manifestando que hay muchas mujeres guineanas con producción literaria, deseosas de incorporarse al mundo de la Poesía, la Novela o el Ensayo. Pero es más importante sobrevivir que escribir. Esa supervivencia en la que frena su ingreso en el mundo literario.
La pobreza en el continente africano es una constante. Unos blancos, unos autócratas explotando minerales y tierras raras, hambre, luchas tribales… todo vale para mantener tensiones y situaciones endémicas.
–La pobreza es endémica –añade Paco Zamora–, como el sida o el paludismo. Y la corrupción fomentada desde el poder, es la culpable de la miseria, no sólo económica sino moral de la ex colonia española. Guinea produce al día medio millón de barriles de petróleo, pero sus habitantes sobreviven con uno o dos euros diarios. Eso quiere decir que “el clan” se queda con todos los ingresos, condena a los guineanos a la pobreza, ante la indiferencia de la comunidad internacional.
–Tampoco nos vamos a asustar –dice Pablo–. Sólo hay que mirar el mundo o al mundo: el genocidio de Gaza, la guerra de Ucrania, los enfrentamientos tribales en África…
Sentados en una de las mesas del Bar Manolo, bizcocho y un cruasán a la planta, más cafés con leche, Francisco Zamora y Pablo Torres coinciden en el extraño momento que vive Occidente, con un presidente de los EEUU que parece tener alguna piedra en el cerebro: pretende hacerse con el Canal de Panamá, quiere comprar Groenlandia a los daneses, quiere vaciar la palestina Gaza y convertirla en un resort veraniego, liquida el libre comercio mundial… Pablo Torres lo define como un “personaje obtuso”. Francisco Zamora se echa las manos a la cabeza.
Francisco Zamora tiene claro que pertenece a las dos culturas: guineana y española. Incluso se define como gallego de Annobón. No deja de ser un ciudadano del mundo, como aquellos renacentistas europeos cuando decían que “La ciencia es mi dios, la tierra mi patria”.
Francisco Zamora, sobre esta línea.
La isla de Annobón se ubica en la costa africana de Atlántico, en el Golfo de Guinea, a unos 300 kilómetros de la costa de Gabón, frente a la desembocadura del río Ogüe. Es de tierra volcánica. El pico más alto, sin ser una gran altura, es el Quioveo. Tiene una superficie de 18 kilómetros cuadrados (6 x 3 de largo por ancho). La isla fue descubierta por una expedición portuguesa de negreros. Buscaban un puerto-escala para trasladar esclavos desde el interior de África a las islas caribeñas, donde se vendían en subastas. La isla fue portuguesa, holandesa, española… en 1778, con el Tratado de El Pardo, la isla pasa a España, a cambio de unos terrenos españoles cedidos a Portugal en la zona fronteriza de Brasil y Uruguay. El principal valor de Annobón es la pesca, incluida la caza de ballenas y otros mamíferos, más tortugas marinas. La flota ballenera española, que también se movía por el Cantábrico, tenía en esta pequeña isla uno de sus puertos de escala y descanso.
LA REPÚBLICA FANTÁSTICA DE ANNOBÓN.- En enero del 2018 Pablo Torres publica una entrevista con Paco Zamora, a raíz de la publicación de “La república fantástica de Annobón” (Sial Ediciones/Casa de África 2017). En la entradilla a la entrevista, se puede leer: “El Gobierno de la segunda República de España envía en 1931 al sargento de la Guardia Civil, Restituto Castilla González, como delegado a la colonia de Guinea. Su pasión por hacer las cosas bien y una mujer le descubrirán un mundo tan hermoso como desconocido.
El 14 de abril de 1931 se proclamaba la segunda República de España. El pueblo democrático español, harto de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, se echó a la calle: se ponía fin a la monarquía Alfonsina, minada por la corrupción, lastrada por una guerra en el protectorado español de Marruecos, cuya finalidad era salvaguardar los negocios particulares de las élites en el poder. En España se vivía por vez primera una gran experiencia basada en la libertad y la democracia. ¿Esa experiencia de igualdad y fraternidad se trasladó a la colonia española de Guinea Ecuatorial, en África occidental?
El tema es algo totalmente desconocido en España. Lo más próximo que se conoce de la que fue colonia española, es la canción del Cola-Cao: “Yo soy aquel negrito…”. Francisco Zamora, premio literario Julio Camba, redactor literario de “Carta de España” se adentra en ese tiempo de libertad, en la isla de Annobón: “La proclamación produce una gran emoción, una dosis de optimismo. Y el hecho de que se asentara o no, no dependía del sargento Restituto Castilla, sino del contexto, en una isla apartada del continente africano, que estaba en manos de los claretianos, una institución asentada en toda Guinea Ecuatorial, que tiene los suficientes recursos como para frenar cualquier tipo de iniciativa que no le apeteciera.
Pablo escuchaba atento las palabras de Zamora Loboch sobre personaje tan singular: “Era un adelantado, una persona preparada, entusiasta. No se adelantó a su tiempo, se adelantó a su cuerpo, la Guardia Civil. No era normal que un guardia civil estuviera tan implicado y tan, digamos por delante de los de su promoción”.
Para Francisco Zamora, su novela es del tipo “familiar”. No es una novela histórica, ni se adentra en el realismo mágico o en el hiperrealismo: “Retrato a mis abuelos, retrato a mi abuela Menfoy, a mi tía abuela…retrato una época de la historia de una pequeña isla sin conexión con el continente africano, construyendo su propia personalidad. De ahí, en la isla de Annobón se da un nacionalismo propio, ya solidificado hoy… y que las diferentes tentativa, tanto de holandeses, piratas o españoles, no acaban de cuajar porque ellos han hecho su propia iglesia”
Pablo recuerda el “milagro” del padre Epifanio Doce, pidiéndole a Francisco la recreación de tan sorprendente hecho.
–El milagro, si es que se le puede llamar milagro o quizá hecho prodigioso se produjo durante una epidemia de cólera que diezmó la isla. No quedaron ataúdes hábiles. La epidemia afectó al padre Epifanio y hubo que enterrar al sacerdote. Y ocurrió que sus piernas eran demasiado largas para el féretro. Los annoboneses le rogaron con devoción para que se encogiera un poco y sus piernas pudieran entrar en el ataúd. El padre Epifanio les hizo caso en encogió sus piernas para que no sobresalieran de la caja…
–¿Qué pintaban allí los claretianos?
–No, no es tanto como que los claretianos llegaron en un momento en el que todos los intentos de colonización habían fracasado –narra Zamora Loboch–. Estamos hablando del año 1850, más o menos. Los claretianos se ofrecen a ir a Guinea a cambio de que les eximan de cumplir el servicio militar. Ese fue el acuerdo. Llegaron a Guinea y contra viento y marea se consolidaron como rama eclesiástica. Pero el Gobierno de Guinea seguía en manos militares.
Francisco Zamora, nacido en Santa Isabel, actual Malabo, recuerda que, con 8 años le llevaron a Annobón. Y que su abuelo, un ballenero corajudo, únicamente estaba obsesionado con fumar. Le tenían anotadas 5 ballenas arponeadas y cobradas. Todo un récord que le convirtió en un héroe local.
–Los annoboneses aprendieron a cazar ballenas enrolándose en los buques que hacían parada en la isla, barcos noruegos, ingleses, alemanes. Ahí nació la tradición de cazar ellos solos, con sus barcas y arpones. No todos sabían y podían manejar un arpón. Se dice que hubo más viudas por la muerte de sus maridos arponeando ballenas que por calamidades o enfermedades.
–Paco, ¿cómo se vivió el amor entre el sargento Restituto y la guineana Mapudul en 1931, en lo que se entendía como una relación interracial?
–No era frecuente una relación de ese tipo. Las referencias documentales me las dio mi hermana Teresa, una mujer de más de 85 años. Lo reflejo en la cita al inicio de la obra: “Se querían, sabedlo”, de Vicente Aleixandre. Los únicos que podían poner algún impedimento, eran los que controlaban la moral y las “buenas costumbres”, los claretianos. Pero quien mandaba en la isla era Restituto Castilla: podía hacer lo que le salía de las narices. Era el amo y el señor de la isla.
–¿Guinea fue un invento español?
–Como nación, sí. Porque cuando la ONU presionó al Gobierno de Franco para que le diera la independencia a Guinea, no le quedó más remedio que dar esa independencia conjunta a las dos islas, Malabo y Annobón, más el territorio continental.
EL CAIMÁN DE KADUMA.- No se puede dejar fuera otra novela importante de Francisco Zamora: “El caimán de Kaduma” (Paréntesis Editorial. Sevilla, marzo 2012. 246 páginas). El fotógrafo hispano-irlandés Pablo T. Guerrero reseñó el libro: “Con una excusa futbolística, la novela trata el desarraigo de la inmigración de la nueva realidad europea. Desde la celda de una cárcel española, a la que ha ido a parar acusado de tráfico de drogas, el Caimán de Kadula, sobrenombre por el que le conocen sus compañeros de prisión, descubrirá que para triunfar en el fútbol no bastan no bastan el esfuerzo y el talento. También es necesaria toda la suerte del mundo. Esa suerte que esquiva y dribla el sueño de miles de jóvenes africanos que ven en el balón la ruta para salir de la pobreza”.
–Es algo de lo que normalmente nos olvidamos –señala Pablo Torres–. La suerte, el maldito azar, se puede ensañar contigo, por muchos esfuerzo que pongas y por mucho talento que tengas. Y es una putada para todos aquellos que tienen talento y se esfuerzan. España no es país para gentes talentosas.
–Mejor no hablar de eso, que nos encendemos… –Paco Zamora, tranquilo–.
–Me subleva que todo ese ejército de tontainas sean siempre los mejores aliados de la suerte. Ponemos el ejemplo de Ramón Valle-Inclán y no acabas de entender que un memo como Emilio Carrere vendiera novelas por miles y miles de ejemplares. Afortunadamente, poca gente sabe hoy quien es el escritor Emilio Carrere.
–No sigas, Pablo. Te llamarán resentido y envidioso. No toleran la crítica, ni más verdades que las suyas.
La novela sigue con el protagonista entre rejas, reuniendo material para escribir una biografía de Íker Casillas, futbolista de élite. El Caimán reflexiona sobre su propio fracaso, sobre el lado oscuro del deporte rey… juguetes rotos por lesiones, representantes desaprensivos y traficantes de ilusionados jóvenes que emigran a Europa desde Senegal, Nigeria o Camerún… muchos acaban náufragos en aguas del estrecho de Gibraltar, o deambulando sin rumbo ni papeles por los arrabales de París, o hacinados en pisos pateras, en Madrid.
El libro recrea la realidad, se adentra en un realismo sucio. Otro de los personajes de la novela, “Hachehache”, enumera los diez mandamientos del fútbol bronco, de cárcel o de barrio… “si nos mientan a la hermana, el más cabrón de los nuestros se caga en la puta madre del más flojo de ellos…”, “El árbitro es un hijo de la grandísima puta, excepto cuando pita dos penaltis a nuestros favor…”. En suma, un conjunto de normas tribales para tipos corajudos que diría un mexicano.
–Muchos, al leer esta parte del libro –señala Pablo Torres– piensan de inmediato a un entrenador afamado, de lengua áspera y viperina, de poco fuste…
–No digas el nombre –señala Paco Zamora–. Ese tío tiene demasiada mala hostia y podría denunciarnos. Es un rata.
En esta obra, Paco Zamora reivindica el fútbol de los barrios, en campos de tierra. El reseñador del libro aporta un final contundente: “Lectura recomendable que quizá olvide, desde el punto de vista futbolístico, que las ilusiones de la mayoría de los canteranos, venidos de familias obreras, corren esa misma suerte. Quizá el título no haga justicia a la genial crítica social que se desprende de su lectura. No perdérselo”.
Texto: Bruno Moretti.
Fotografías: Pablo Torres
Madrid, 12 de febrero 2025
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