lunes, 27 de mayo de 2024

FERIA DEL LIBRO DE EL ESCORIAL 2024

 

FERIA DEL LIBRO DE EL ESCORIAL

Sábado y domingo 25 y 26 de mayo 2024

    Participé en la Feria del Libro de El Escorial (Madrid), junto con Yolanda Alba, periodista y escritora. Es un certamen de pueblo: año tras año gana en presencia y prestigio. Participan también autores vendiendo sus obras, librerías, editoriales…este año, además, se han ofrecido recitales de poesía, conferencias…La mejoría con respecto al pasado año ha sido mucha y evidente.

    Una feria de libros en un pueblo de tamaño medio, como El escorial, que tiene grandes urbanizaciones como Los Arroyos, es todo un acontecimiento para poca gente. Y lo que se lleva tiene facetas locales: autores del pueblo, con temática específica. La excepción estaría en un personaje ligado a El Escorial: Felipe II. El llamado rey prudente o rey funcionario es la gran celebridad de El Escorial y San Lorenzo, dos localidades diferenciadas, aunque durante un tiempo fueron El Escorial de Abajo y El Escorial de Arriba. Sobre Felipe II todavía hay lagunas en su biografía, como la de su relación con la princesa de Éboli y el durísimo castigo recibido por la noble por su probable participación, como inductora, en el asesinato de Juan Escobedo, secretario de Juan de Austria, hermanastro del monarca, gobernador en los Países Bajos.

    La primeras horas del sábado 25 de mayo, la Feria apenas tenía visitantes y escasos compradores de libros. En la zona infantil del parque Lorenzo F. Panadero, los niños jugaban en los columpios, o en la zona de la arena. La Cultura en El Escorial, como en otros muchos pueblos, ocupa un lugar secundario en la vida del pueblo, donde sólo hay una librería con local abierto a la calle. La Feria adquiere por tanto una importancia especial, como un sector a promocionar. En mismo sábado se aprovechó para presentar libros nuevos y organizar un recital de poesía joven: “Que viene la poesía”, con intervención de varios poetas como Carolina G. de la Cruz, Marina Martín Rubio y Verónica G. de la Cruz.

                En Libros Torres llevaron los siguientes títulos: “La Leica de Tina Modotti”, “El ladrón de sueños” en edición fanzine, “El doncel”, “El puchero de don Quijote” y “48 Rutas micológicas”, de Pablo Torres, escritor y periodista; y “Masonas” y “Sacerdotas”, de Yolanda Alba, periodista y escritora, perteneciente a distintos grupos feministas, amiga de Pablo Torres (senior), escritor y periodista, fotógrafo. Y en las primeras horas se vendían pocos ejemplares. Los lectores no se llegaban hasta la feria para buscar títulos y autores con los que compartir historias.

    Hubo casetas de todas las ideologías: en una se llevó un título horrible: “Las víctimas de Frente Popular” (todas las víctimas fueron consecuencia del golpe de Estado fascista de los oficiales "africanistas" sublevados). No se puede ser más miserable ni más franquista. Por el contrario hubo una editorial anarquista, de Carlos de la Cruz, Editorial Altolibros, con su correspondiente bandera rojinegra.

    El Ayuntamiento montó su propia caseta, con títulos relacionados con su historia: “Navalquejigo. Su historia”, “El Escorial y la virgen de la Herrería”, “El libro verde de El Escorial”, “La iglesia de san Bernabé”… La villa de El escorial tiene gran interés para muchos lectores.

    Nos visitó Carmelo Juanís, escultor de/en El Escorial. El pasado años nos compró un par de títulos y nos comentó que quedó encantado con “El doncel”, de Pablo Torres. Los responsables de la librería quedaron en enviarle información sobre la fotógrafa Kati Horn: fotografió colectivos anarquistas en distintas partes de España.

     Por la tarde, un pequeño grupo de cinco muchachas adolescentes nos visitaron, interesadas en los libros de Yolanda: “Sacerdotas” y “Masonas”. Tras una charla intensa con Yolanda, hicieron una compra colectiva de “Sacerdotas”. Luego se pasarían el libro unas a otras, para su lectura colectiva. Resultó asombroso ver a jóvenes muchachas interesadas por los libros, hecho que no tiene respuesta en los chicos, tan atarugados ellos.

    DOMINGO DE LECTORES.- El domingo la feria estuvo bastante más animada. No faltó el preguntón de turno, en busca de charla terapéutica, para pasar el rato. No compró un solo libro, aunque dio la brasa a la mayoría de los libreros y autores. Es otro de los valores de una feria librera.

    Fueron muchos los que se interesaron por “El ladrón de sueños”. Miraban la portada y se pasmaban. Hubo un lerdo que preguntó si se trataba de un libro sobre márketing, al ver en la portada un vaso de cerveza Guinnes y una lata de sopas Campbell. ¡Será pavo el amigo! La madre que le parió, qué país.

Cerca de la hora del cierre, llegó un buen lector, con una buena bolsa de libros comprados. Antonio Blanco se llevó los dos títulos de Yolanda y también “48 Rutas micológicas” y “El puchero de don Quijote”. Nos pidió que le dedicáramos los libros, cosa que hicimos gustosos.

    Y una mujer de unos cuarenta años, se acercó la puesto, vio el libro de “La Leica de Tina Modotti” y dijo: “Me lo llevó”. Sacó los diez euros, pago y se marchó. Así da gusto.

    En la tarde del domingo, la Feria volvió a languidecer. Algunas editoriales vendían algunos pocos libros, los demás veíamos cómo la gente se acercaba, miraba los libros y, en el mejor de los casos, hacían algún comentario o compraban algún ejemplar.

 

    Hay que dedicar unas líneas al concejal de Cultura de El Escorial, Antonio Lobo Bravo. La edición de la Feria de este año 2024 ha mejorado mucho con respecto al año anterior: mejor distribución, mayores espacio, “toldos” de protección solares, una presencia activa para dirigir los muchos actos culturales complementarios…hay que reconocerle un buen trabajo, fruto de su esfuerzo personal: llevar la mejor Cultura a un pueblo no es tarea sencilla.

    La conclusión es sencilla: falta Cultura en El Escorial. Faltan alicientes y promoción. Y la lectura, en España, apenas se fomenta o promociona. Sólo los autores industriales disponen de equipos de propaganda para vender libros a mogollón, aunque tengan poca calidad o no interesen por sus contendidos. En España se lee lo que quieren las grandes editoriales: estiércol literario… ya, ya sé. Soy un resentido y un envidioso. Apenas vendo libros y por eso escribo lo que escribo.

 

Pablo Torres

Lunes, 27 de mayo 2024

 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Viajes: caminos, lugares, acentos (8)

 CARCASONNE, CIUDAD DE LOS CÁTAROS

 

Acceso a la ciudadela, por la Puerta de Narbona

             Los cátaros o albigenses formaron un movimiento religioso, de carácter gnóstico: se extendió por la Europa occidental a mediados del siglo XI. Arraigó con fuerza en el siglo XII y se difundió hasta el siglo XIV entre los pobladores del Mediodía francés, especialmente en el Languedoc, donde contaron con la protección de señores feudales, vasallos de la corona de Aragón.

            En sus etapas “pauliciana” y “bogomila”, los cátaros basaban sus creencias en la dualidad de Dios-Satanás, entendido como el bien y el mal; criticando los excesos de los altos jerarcas de la iglesia y sus formas de vida impuras. Negaban los sacramentos, predicaban la salvación, creían en la reencarnación, utilizando el ascetismo como forma de vida, rechazando todo lo material por considerarlo demoniaco. Las creencias cátaras procedían del cristianismo más primitivo. El centro de la cultura y religión cátaras estaba en la ciudad de Toulouse, aunque Carcasonne también fue uno de sus centros religiosos más activo.

            La iglesia católica vio en los cátaros un peligro para su negocio de la fe, declarando heréticas sus doctrinas. Frente a su extensión e influencia, la jerarquía católica requirió la intervención de la corona de Francia para exterminarles, erradicarlos violentamente. El papa Inocencio III organizó y financió una “cruzada” contra los cátaros o albigenses. A finales del siglo XIII estaban extinguidos, tras una larga persecución. La iglesia católica volvía a tener en su poder el negocio de la fe, sin ninguna competencia.



Entrada al castillo de Carcasona

        Narbona, más al sur, cerca del Mediterráneo, fue el campo de la batalla final de la “cruzada” albigense, entre la corona de Francia y el reino de Aragón, por el dominio del Rosellón.

NOS VAMOS A CARCASONNE.- A las nueve y veinte de la mañana, marchábamos en coche hacia Toulouse, por la A64, para luego bajar por la A61 hasta Carcasonne o Carcasona, en lengua occitana. A lo largo del trayecto, se sucedían los campos de colza, con su amarillo característico; los campos de girasoles, en grandes extensiones; los campos de maíz… Francia es un país agrícola y ganadero, de gente laboriosa, reservada, quizá un tanto huraña.

Capital del departamento del Aude, región de Occitania, Carcasonne es mundialmente conocida por su ciudadela amurallada. El conjunto arquitectónico fue restaurado bajo la dirección de Eugène Viollet-le-Duc, en el siglo XIX. La ciudad está a medio camino entre Narbona y Toulouse. Su emplazamiento entre el mediterráneo y el Atlántico es conocido desde el neolítico. Al norte de la ciudad, la montaña negra; al este, las Corbières; al oeste, la llanura de Lauragais; y al sur, el valle del Aude.

            Carcasonne fue escenario de episodios durante la “cruzada” contra los albigenses, cuando la ciudad era feudo de los cátaros. En agosto del 1209, el ejército de Simón Montfort se hizo con la ciudad, después de sitiarla dos semanas. Hizo prisionero a Raimundo Roger Trencavel, amplió las fortificaciones  e hizo de la ciudadela la frontera entre Francia y la corona de Aragón. En el año 1213, la batalla de Muret fue ganada por Simón de Montfort a Pedro II de Aragón. Fue el inicio de la dominación de los reyes de Francia sobre Occitania.

Acceso principal a la catedral de Saint Nazarie

MARAVILLAS MEDIEVALES.- La ciudadela, o antigua ciudad fortificada es una maravilla. El único inconveniente: las masas de humanos que transitamos de un lado a otro por las estrechas calles, teléfono en mano fotografiando todo lo que se mueve. En ese espacio medieval, es fácil trasladarse mentalmente a un tiempo de juglares, damas y caballeros. No hay señales de que la ciudadela sufriera el azote de los católicos, en su lucha por liquidar a los cátaros: en las mazmorras de su propio castillo, el vizconde Raimundo Roger Trencavel, gran valedor de los cátaros, murió envenenado.

La mayoría de los rincones de Carcasonne son fotografiables, sin poder evitar a los humanos cruzándose. Obtener una sola fotografía sin presencia humana, es imposible. Las murallas del castillo se pueden ver desde dentro, pagando; o desde fuera, buscando esquinas desde las que obtener imágenes. Ver el castillo y las murallas desde el interior, implica pagar. El turista siempre paga, por todo. Agua incluida.

LAS GÁRGOLAS DE SAINT NAZAIRE.- La gran sorpresa de Carcasonne está en las gárgolas de la catedral de san Nazaire y san Celse. Las gárgolas son la parte sobresaliente de los caños para evacuar el agua de la lluvia sobre los tejados de los edificios. Evitaban que el agua tocara los muros y provocara humedades y deterioros. En la arquitectura medieval, las gárgolas adoptaban la forma de figuras grotescas: hombres, animales, monstruos, demonios. Tenían la función simbólica añadida de proteger los templos, asustar a los pecadores. Entre los siglos XIII y XIV fueron la mejor iconografía del miedo.

Una de las gárgolas más inquietantes de Saint Nazarie

La basílica de saint Nazaire y saint Celse, en su exterior, está cuajada de gárgolas, no todas puestas para evacuar el agua de las lluvias: extraños animalejos, que pueden ser agresivos perros, o monstruos de feroces mandíbulas; cabezas de hombres, mujeres… todas diferentes; clérigos agachados bajo esos temibles animales de piedra, clérigos en solitario, con una expresión temible. En una de las esquinas, a dos paredes, se observa un monstruo o demonio que sujeta a otro animal bajo sus patas: las interpretaciones son muchas, porque esta gárgola no forma parte de la canalización del agua. Para algunos expertos, se trata de un acto de lujuria, que no puede entrar en el lugar sagrado. La realidad es que no se conoce su significado: sólo hay especulaciones. En el tiempo de las gárgolas, se les otorgó poderes contra el mal, para rechazar los pecados dentro de los templos.

            COMER DE MENÚ.- Seguimos nuestro recorrido hacia la Rue du Plô. Buscamos un restaurante recomendado. Pasamos por la calle del Petit Puit (Pequeño pozo), donde hay efectivamente un pozo. La ciudadela se abastecía de agua a través de pozos. Es una zona de restaurantes, de todo precio, normalmente alto (no hay restaurantes baratos en Francia). Llegamos hasta la Plaza Marcou, totalmente tomada por las terrazas de los restaurantes: sólo dejan un estrecho pasillo para transitar hacia otras zonas de la ciudadela.

Los restaurantes están por todas las calles, en espacios público, utilizados como privados. Los taberneros se han impuesto, aprovechan los espacios de los ciudadanos para sus negocios; aunque hay que reconocer que son legión los que manifiestan su conformidad con ese uso del espacio público.

Comimos en Le Cachotier (El Reservado), un local con un patio interior cubierto por un entramado de plantas trepadoras que hacen de techumbre. El menú, consistente en una entrada, un plato y un postre, subió a los 24 euros. Entre sus especialidades: carpaccio de ternera, ensalada de queso de cabra, ancas de rana (con ajo y perejil), Cassoulet, hamburguesas, pinchos de pollo, creme brulée… los menús de 29 euros ofrecían foie gras a baja temperatura, Tataki de pato, Graviax de salmón, filete de atún, pinchos de ternera marinada… También disponían de un menú vegano y de un menú infantil (12 euros). La comida tiene calidad: es lo menos que se les podía exigir, por los altos precios.

Turistas paseando la ciudadela

No son muchos los países que ofrecen caracoles en sus menús. España, Francia o Italia los proporcionan, con sus propias recetas. En Foix se podían degustar caracoles preparados con mantequilla, albahaca y ajo, a la borgoñesa. Pero no quise adentrarme en un guiso que, en España, se prepara divinamente en zonas como San Lúcar de Barrameda (Andalucía), donde distinguen entre caracoles y “cabrillas”, en guisos aromatizados, con hierbas, tomate y vinos… en la próxima ocasión degustaré el sabor de los gasterópodos galos.

            Volvimos sobre nuestros pasos. En la zona de la catedral, mi fascinación por las gárgolas me llevó a realizar nuevas instantáneas de esas extrañas figuras, acompañadas de personajes anónimos. Y la extraña figura de lo que parecía un clérigo atormentado, se me antojó la representación de algún sonido insoportable: los gestos de dolor, con las manos tapándose las orejas estremecían (esa gárgola parecía restaurada).

            El zoom de la cámara me permitió “acercarme” a otra de las figuras raras, de difícil identificación: una especie de perro alado, expresión terrorífica. Incluso parece que fueran dos raros animales, uno sobre otro. Un poco más allá, otra gárgola sin aparente función de desagüe: ¿un perro alado? En el capitel de una columna, un relieve deteriorado de lo que parece la lucha entre un caballero, con escudo y espada, peleando contra un dragón: ¿san Jorge y el dragón?

            Antes de ir al parking, para trasladarnos hasta Carcasonne ciudad, o la ciudad actual, es recomendable darse un pequeño paseo por el cementerio. Está extramuros, cerca de la puerta de Narbonne. Hay toda suerte de sepulcros, en función del poderío económico de cada familia.

Texto y fotografías: Pablo Torres
Del libro de viajes "Caminos, lugares, acentos".
Se editará a finales del año 2023 o inicios del 2024.
(Reservados todos los derechos de copias fotográficas.
No está permitida la reproducción gráfica, sin autorización del autor)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rafael Rodríguez

Rafael Rodríguez  UN DESCONOCIDO INTELECTUAL     Vivió la vida con pasión, participando en carreras de motos, interpretando papeles en Teatr...