lunes, 17 de mayo de 2021

LA CENSURA EN LA REVISTA "CARTA DE ESPAÑA" (1)

PERIODO FRANQUISTA (1960-1975).

    UNA REVISTA PARA LOS EMIGRANTES

        HECHA POR "PERIODISTAS ORGÁNICOS"

Recuperada la democracia, tras una larga y oscura dictadura franquista, la censura en los medios de información persiste como un cáncer incurable, bajo distintas formas actualizadas. En los medios privados, se elige a los periodistas por afinidad política para atacar a los profesionales de la política, en función de su ideología, según los intereses empresariales de los accionistas; en los medios de comunicación de titularidad estatal, algunos funcionarios elegidos a dedo, carentes de escrúpulos, realizan un trabajo sucio de censura, propio de la Inquisición, manipulando y cortando textos ajenos para cuidar "la imagen" institucional, como si ellos fueran los guardianes de la ortodoxia social y política. Son los grandes enemigos de esta democracia, reconvertida en plutocracia

En los inicios de los Años 60, siglo XX, se funda la revista "Carta de España", una publicación del Instituto Español de Emigración, entidad del Ministerio de Trabajo, dirigida a los emigrantes españoles en Europa e hispanoamérica para "informarles" de lo que se les quería informar. La España franquista, en aquellos años, con un general bajito y sanguinario al frente, tolerado por las potencias occidental, EEUU, Francia e Inglaterra, tenía a unos dos millones y medio de emigrantes en Europa (Alemania, Francia, Países Bajos...) que enviaban importantes remesas de dinero para la supervivencia de sus familiares. Los jerarcas franquistas, dispuestos a quedarse con un dinero que no les pertenecía, incluso pensaron en la creación de un "Banco del Emigrante" para controlar el mercado de divisas. Los banqueros no lo permitieron.

    En "Carta de España" no existía la censura. Los equipos de "periodistas orgánicos" eran afectos a la dictadura, usando la terminología de la época. Cada uno de ellos, desde el director al último redactor sabían que estaban allí para lo que estaban: cantar las excelencias de lo que entonces llamaban "democracia orgánica" (eufemismo para evitar decir dictadura militar). Y la censura no existía, porque ciertas noticias no existían, aunque eran conocidas por la mayoría de la población. Un ejemplo: en 1963 se crean los Tribunales de Orden Público, tribunales políticos para actuar contra cualquier súbdito (entonces no existían los ciudadanos) que se atreviera a pedir un régimen democrático. Los TOPs actuaron hasta 1977. En todos esos años, hubo más de 35.000 causas y miles de condenados. 

    En "Carta de España" se cantaban las excelencias del "Generalísimo", reflejando una realidad inventada con un abuelito entrañable que cuidaba de las esencias patrias. Las relaciones entre empresarios y trabajadores eran "excelentes", con sus fiestas del primero de mayo como máximo exponente de esa paz social, todos en un mismo sindicato vertical: hacían de España un país idílico. Las hostias que repartía la Policía los primeros de mayo a los trabajadores que se manifestaban, no existían: eran una invención de rojos y comunistas. Las derechas españolas siempre se fijan mucho en esas minorías supuestamente comunistas, para evitar hablar de una dictadura fascista que duró 40 años (dos generaciones mentalmente machacadas), en la que hunden sus propias raíces.

    Los "periodistas orgánicos" de la publicación estatal conocían las consignas. Algunos duplicaban puestos de trabajo, en el ABC, "Carta de España" y algún que otro centro oficial. La dictadura siempre pagó bien a sus "periodistas orgánicos": necesitan de su propaganda. Y los hubo con su carácter legionario, tipos que se desayunaban con una copa de aguarrás, al grito de "¡Arriba España!", mientras lleban sus bolsillos con dinero del Estado; los había tranquilos, haciendo su trabajo con alguna dignidad, conocedores del lugar en el que estaban.

    En ese primer periodo de "Carta de España", entre 1961 y 1975, de franquismo puro y duro, todo discurrió dentro de la normalidad de un régimen dictatorial. La revista cumplía el fin social para el que fue creada: "informar" a los emigrantes españoles de la irrealidad del país, destacando las maravillas del "milagro económico", sin especificar que se debía a dos causas: las remesas de divisas enviadas por los emigrantes y el turismo barato de sol y playas, cocina regional en los chiringuitos (gran invento español, junto con la Compañía de Jesus y la Guardia Civil). Ese turismo hizo de "las suecas" el símbolo de la represión sexual del español medio, aunque hay que darles las gracias a aquellas mujeres por lucir sus hermosas tetas al sol, contra la represión sexual impuesta por los curas católicos, afectos al caudillo de España. 

    Tampoco se informaba cuando algún estudiante moría por "saltar" por alguna ventana, estado detenido y esposado, acompañado por policías de la Brigada político-social, donde destacaba el sádico "Billy el Niño", policía torturador de estudiantes universitarios, condecorado por la dictadura y pensionado por la democracia. Esas muertes eran "sucidios". Los jueces, tan patriotas ellos, cerraban el caso, sin hacer la menor investigación. Su función era defender la dictadura a cualquier precio. Para eso se les bien pagaba.

    En esos años, el Estado contó con la colaboración inestimable de la iglesia católica: enviaba a sus capellanes para el control social de los emigrados, gente sencilla en busca de un futuro que les negaba su país, no fuera que en esos otros Estados republicanos europeos o americanos, con una Prensa relativamente libre, los nativos del lado sur de los Pirineos, típicos españoles de boina, faja y garrota, tan ignorantes ellos, se contaminaran con ideas liberales, socialdemócratas o socialistas.

    El 20 de noviembre de 1975 moría el sanguinario dictador, Francisco Franco, en una cama del hospital La Paz. Se iniciaba lo que se llamó la Transición a la democracia, un tiempo colvulso y agitado, hecho a punta de pistola y entre atentados, con todo un conjunto de protagonistas menores e incompetentes, transicioneros de tres al cuarto que se vendieron por unas monedas, como Judas aficionados en su papel de salvadores del pueblo: explicará las carencias y vicios de la actual plutocracia (la palabra se presta a chistes de poca gracia).

Pablo Torres (18 de mayo 2021)

Siguiente entrega:

LA TRANSICIÓN (1975-1982)

"CARTA DE ESPAÑA" SE  DEMOCRATIZA


viernes, 14 de mayo de 2021

RETRATOS SATÍRICO CONTEMPORÁNEOS (5)

 El Niñato de HarvarAravaca



    Vivimos en una democracia que no es una democracia. Vivimos en una plutocracia: una democracia de y para los ricos. Los pobres no pintan nada: carecen de derechos reales. Los partido políticos de esta plutocracia heredera de una sanguinaria dictadura que dejó como herencia una monarquía, se han transformado en sectas dirigidas por líderes que exigen lealtad incondicional, por encima de valores como la honradez, la capacidad y el trabajo. El mérito es cosa de tontos. Para escalar, trepar y llegar a lo más alto del vértice piramidal del PODER en los partidos políticos, se necesita la habilidad social de saber adular al jefe, o hacerle la pelota siendo, lo que vulgarmente se llama un lameculos, un baboso arrastrado

    Suceder a un bobo en el cargo político, requiere de otro bobo político de mayor calado que no evidencia las carencias mentales de su antecesor. Es como esas familias cosanguineas que, a fuerza de emparentarse endogámicamente, logran gestar auténticos retrasados, o tontos del haba de bigotillo ridículo. Los ejemplos se multiplican. Hay individuos que llegaron a lo más alto en su partido siendo unos lameculos vocaciones, aunque sus defectos saltaban a la vista. Uno de ellos, con deje mexicano, afirmaba junto al emperador de Occidente, estar trabajando en "ello"; otro, gallego mohíno, sufría una fuerte dislexia, incapaz de distinguir entre alcaldes, vecinos, electores y elegidos... aunque gritaba "Viva el vino".

    El último en llegar a la cúspide de la pirámide del PODER es el conocido como "El Niñato de HarvarAravaca", aunque se duda de que sea humano; él solito fue capaz de hacerse media carrera de Derecho en seis meses, ¡Toma ya!, complementando sus conocimientos jurídicos y económicos con un "Máster del Universo" impartido por la Universidad de Harvard, de calidad tan extrema que no han permitido ver a nadie su TFC (Trabajo de Fin de Curso). El niñato de HarvarAravaca, protegido por empresarios y jueces, tiene la lengua viperina de un carretero resabiado falto de maría: dos palabras son tres insultos. Es un tipo faltón, pequeño matón de barrio pijo, experto en insultos e injurias, parecido al enano de Gila: no mata, pero desmoraliza mucho. Y tiene como compañero de correrías políticas a un campeón del mundo de "lanzamiento de güitos", modalidad deportiva pendiente de ser reconocida por el COI "Comité Olímpico Internacional", para incluirla en los Juegos Olímpicos.

     Hay que reconocerle pulcritud y un punto de guapura, aunque para borrar su carita de ciriñolo decidió dejarse una barbita cursi: rompe su estética cursi de un repeinado ángel deslenguado. En el Parlamento es temible: descalifica a Dios y su santa madre, por el simple hecho de no ser de su ideología. Él solito representa la verdad absoluta, el dogma económico de la derechuza, la defensa de los ricos frente a todos esos peligrosos antisistema piojosos que quieren acabar con la patria, con su patria. Al presidente del Gobierno le ha dedicado ya más de un centenar de insultos, calumnias, injurias, desprecios, dicterios (¿sabrá lo que significa esta palabra?), improperios, ofensas, reproches, groserías... sin perder nunca esa sonrisa del mentiroso que no puede ocultar que miente.

    Como la gran mayoría de los políticos de tres al cuarto, "El niñato de HavarAravaca" se ha convertido en lacayo de los poderosos, los auténticos detentadores del PODER con el IBEX 35 cotizando en Bolsa. A todos esos genios de la Economía, se les regalaron las electricas, las empresas estatales rentables –Va por usted, señor Ánsar, de acento texano y relevante papel en el "Informe Chilcot"–; se les otorgaron privilegios económicos, permitiendo los paraísos fiscales en los que esconder  el dinero tan fácilmente "ganado". Y como fieles lacayos, acabada su carrera política se les incorpora a los consejos de administración de las grandes empresas para que pongan el cazo: la langosta cotiza más que las patatas. Roma siempre pagó a traidores y lacayos.

    Que nadie piense que "El niñato de HarvarAravaca" es una persona física, reconocible en sus rasgos físicos e ideología, aunque su esqueleto externo refleje a una persona de carne y hueso: es un humanoide, un robot biónico fabricado en un centro tecnológico secreto, al que le han dotado de inteligencia artificial y emocional; aunque al ser un prototipo de político futuro, tiene fallos. Se encasquilla emocionalmente, insulta demasiado, resulta chulesco y provocador... un grupo de científicos, trabaja con avezados políticos para afinar su personalidad: tienen mucho trabajo por delante, porque el robot biónico se siente a gusto en su papel de broncas y come-niños de izquierdas . Incluso piensan en diseñar una robot biónica, aunque da la sensación de que ya existe: presenta también fallos de diseño, por falta de memoria. Se obsesiona con la libertad y la cerveza (actualmente se estudia tan extraña relación, especialmente en ámbitos monacales donde se elaboran bebidas casi sagradas).

    El futuro del prototipo "Niñato de HarvarAravaca" no se puede predecir, aunque no es descabellado aventurar que no tendrá el menor problema económico o social. Le queda llegar a la presidencia del Gobierno, con los estragos que provocará entre la clase trabajadora; pero superado el "trámite" de ganar unas próximas elecciones, le espera la gloria, formar parte de esa élite de los elegidos para mejorar la aperreada vida de los poderosos. Es lo que hay. Esto es una plutocracia.


Pablo Torres

Madrid, 14 de mayo 2021


 

lunes, 12 de abril de 2021

RETRATOS SATÍRICOS CONTEMPORÁNEOS (4)

LA DUQUESASASÁ RABIOSASASÁ

 


Periodista, es un decir; historietadora, a partir estrujarse la cabeza con el Libro gordo de Petete; visionaria, por los efectos de algún potente alucigógeno; injuriadora, por vocación desafiante; más ida que engreída, por nacimiento, la duquesasasá no se andaba con chiquitas: "Te pego dos hostias como dos panes como me lleves la contraria, lacayo". Tenía extraños poderes en sus ojos: era incapaz de ver mendigos negros y mendigos rumanos, en las puertas de los supermercados; aunque esas mismas órbitas eran capaces de ver comunistas en las esquinas, bolcheviques en las plazas, bolivarianos en las tabernas, rojos en los parques; perroflautas con flauta y perros, en los ateneos... estaba rodeada. Salir a la calle era un peligro, "¡Cristo salvame!": podían atracarla o violarla nada más salir de su palacete y pisar la acera.

    –¿Qué me pasa doctor Freud, acaso soy un monstruo?

    –¿Por qué crees que eres un monstruo?

    Se fabricó un pasado a medida. Descendía de las más nobles familias desde el medievo, algo así como tener su origen en una de las patas del caballo del Cid Campeador, o del mismísimo Santiago Matamoros, patrono de las Españas. Y ese pasado suyo, de tan noble linaje, recordaba al de aquel otro escribidor, criado en el barrio de Salamanca, educado en El Pilar, que se inventó y difundió que su papá fue víctima de un grupo de rojos incontrolados, durante la guerra civil, cuando la realidad demostró que fue paseado por los nacionales. Los suyos, no los rojos, despacharon a su papá.

    Educada en las mejores universidades del mundo mundial, con nombres anglosajones, la duquesasasá rabiosa sasá tenía alta sensibilidad social hacia los desheredados del planeta. Afirmaba sin ruborizarse que el Sol salía sin distinciones para todos, ricos y pobres, por el Este... y se ponía por el Oeste.

    –¿Qué me pasa, doctor Freud, por qué me odian?

    –¿Por qué crees que te odian?

    –Doctor, le pago para que me dé respuestas, no para que me haga preguntas impertinentes. Yo pago, usted contesta... ¿entendido boludo?

    –Me paga cuando me paga, duquesasasá...

    La hicieron creer que era una intelectual de primer orden, forzando huecos para que estuviera en las tertulias más reaccionarias y carcas de los medios de comunicación más extremados de las derechuzas, diciendo barbaridades y mentiras, anunciando el apocalipsis comunista. Y su hablar soberbio, sentando cátedra, le granjeó enemistades hasta entre sus compañeros de fatigas, activistas de extrema derecha, expertos en la manipulación y desinformación. Porque la duquesasasá rabiosasasá despreciaba a todo aquel de baja cuna, al no soportar la ordinariez, ni el olor a sudor de los descamisados; aunque si alguna vez se hubiera escuchado, saltaría en el tiempo para volver al oscurantismo de la Edad Media, tiempo de divinidades para someter a los villanos.

    –¿Qué me pasa doctor Freud, por qué me llaman trompetera?

    –¿Quiere una pregunta o una respuesta?

    –¡Mira Gachego, no me respondas con una pregunta, no me cheas boludo no me seas porculero!

    –La trompeta, señorara duquesasasá, es un instrumento para ser tocada con dedos y labios virtuosos. Hay que mantenerla en la carnosa boca, deleitándose, saboreándola. ¿Entiende?

    –Doctor Freud, cho no toco la trompeta...

    Tabernera vocacional, de corazón verdulero –"¡Patatas y sandías, las robo de noche y las vendo de día!"–, deseando no dejar títere con cabeza, afirmaba sin alterarse que todo aquel que negara los santos dogmas de la Economía capitalista –liberalismo fascista bajo la forma de libre mercado–, fabricados en la Escuela de Chicago (EEUU) por Milton Friedman hacia la mitad del siglo XX, era un adepto a la fe comunista, enemigo de la libertad y la democracia... palabra ésta que le generaba irritación y serios problemas de dicción.

    –Vamos a nuestros ejercicios de pronunciación...

    –Usted no es logopeda...

    –Señora condesasasá, yo soy un psicologopeda, dadá... vamos al ejercicio. Repita la palabra democracia...

    –Demofagia...

    –En su subconsciente, señora condesa sasá, persiste algún trauma gastronómico de la infancia... ¿Quién la obligaba a comer?

    –Déjese de jodas, psiquiatra... a mí nadie me dice qué comer o cuantas copas tengo que tomarme... puedo darle un hostión y mandarle a Galichia a comer mejillones de bateas..

    –Ánimo, no es difícil –el doctor Freud, sin amilanarse–. Diga conmigo de-mo-cra-cia...

    –Di-mos-tro-fia...

    –No sé si su caso tiene remedio o es usted en todo su cuerpo un caso irrecuperable. Hay un nudo cerebral en su cabeza, una cabeza de ajo que presiona su cerebro, afectando a conceptos básicos comprensibles para toda persona con estudios básicos. Vamos a intentarlo otra vez. Diga lentamente democracia...

    –Demosfofia...

    No lograba pronunciar la palabra, deformando la pronunciación con palabros como defagofia, destrofrocia, demoprosa, demolocria... El psiquiatra se desesperaba. La señora duquesasasá era una paciente contumaz, irrecuperable, con serios desórdenes mentales producto de su educación elitista sesgada, llena de prejuicios, dentro de los valores más rancios del medievalismo más oscuro trasladados a los inicios del siglo XXI.

    –Vamos a hacer un último intento, señora duquesa...

    –Fefocrocia...

    –Señora duquesasasá, tiene usted fobia a la democracia...

    –No diga polladas, boludo. La aicarcomed y yo somos uña y carne.

    El psiquiatra dio por finalizada la sesión de terapia, anotando la dificultad de la duquesasasá para pronunciar la palabra democracia, o entender el concepto democracia y su normal funcionamiento en la sociedad. Y su diagnóstico era concluyente: irrecuperable para la democraciaciaciacia...


Pablo Torres (Madrid, 12 de abril 2021)

 

 

   

 





jueves, 25 de marzo de 2021

RETRATOS CONTEMPORÁNEOS (3)

VICENTÓN CUELLOTORO,

SANCHOPANZÓN SIN DON QUIJOTE

 

Ilustración: collage de Pablo Torres (23 marzo 2021)

La desconocida fuerza sobrenatural que le acercó al intenso perfume del incienso, acaparó sus ratos de ocio, aplicándose en lecturas piadosas. Sus enemigos, en ambientes atufados de azufre, fuego infernal para impíos, cruzaban apuestas. Ganaron todos aquellos que apostaron a que Vicentón Cuellotoro sólo había leído en toda su vida un único libro de ficciones: un misal, pequeño libro litúrgico con los rezos para celebrar la eucaristía.

    Sobresalía por su físico, poco agraciado, propio de un gañán desaliñado, corbata de seda, siendo un personaje singular de La Mancha manchega más árida –queso, tocino y gachas–, de perfil sanchopancesco: cuerpo de pera rechoncha, piel curtida con la cabeza alicatada bajo la negra boina, ensamblada al torso por un cuello de toro que se comía la mandíbula, soldándose con las orejas. Vicentón Cuellotoro, piernas cortas y delgadas, palillos mondadientes con zapatos, escultura grotesca de Giacometti, abombaba aún más ese abombado cuerpo, completándolo con dos fornidos brazos de segador manual temporero.

    De niño manifestaba dos querencias: una obsesión por el juego del Monopolic y una irresistible atracción por acercarse a los espacios profundos, aromados de incienso ardiente. De adulto perfeccionó el Monopolic, como aplicado propietario de casas y pisos, aquí y allá; frecuentando oscuros templos inciensados, donde lavaba sus pecados de avaricia con unos padrenuestros y jugosas donaciones para ganarse el cielo.

    El monopolic le educó en la técnica de la Economía capitalista, basada en los monopolios (concesiones estatales para explotar mercados en exclusiva, presentado como libre competencia por los apóstoles de lo privado: han extendido el mantra de que crean trabajo y riqueza. El objetivo del infantil juego es hacerse con el monopolio de las calles y lugares de las ciudades, para establecer los precios y controlar a voluntad el mercado... y tanto empeño puso en aprender el juego, que Vicente Cuellotoro se hizo, en la vida real con el suficiente número de casas para ser un ejemplar rentista, una persona de orden que vivía de sus rentas. Porque los rentistas viven de las rentas, claro.

    La desconocida fuerza sobrenatural que le acercó al intenso perfume del incienso, avemariapurísima, acaparó sus ratos de ocio, aplicándose en lecturas piadosas. Sus enemigos, peligrosos librepensadores moviéndose en ambientes atufados de azufre y llamas infernales, cruzaban apuestas. Ganaron todos aquellos que apostaron a que Vicente Cuellotoro había leído en toda un vida un único libro de ficciones: un misal, un pequeño libro litúrgico con los rezos y lecturas adecuadas para celebrar la eucaristía.

    Vicentón Cuellotoro tenía una gran capacidad de observación: veía y se fascinaba con aquellos sacerdotes motivados, capaces de dar tres y cuatro misas en una mañana. Esas celebraciones se acompañaban de grandes tragos de vino en la supuesta transmutación del vino en la sangre de un dios etéreo. O lo que era lo mismo: celebración que alteraba los sentidos. Entendió el mensaje divino: leyendo misales, arrimándose a los clérigos más trabucaires, seguro que podría darse buenos tragos de buen vino.

    Estuvo a punto de escribir un libro de cabecera, un catecismo del perfecto capitalista, una exposición concisa de la doctrina, ciencia o arte, con preguntas y respuestas que explicaban los principios básicos para acumular bienes, a costa de la pobreza de las mayorías: amarás las sagradas ganancias por encima de todo, para no perjudicar el negocio; las pérdidas las asumirá el Estado, que para eso está; no subirás los sueldos a los trabajadores, aunque se dejan la piel, bajo ningún concepto, que bastante ganan; defenderás con todas tus fuerzas los monopolios, dentro del libérrimo mercado de la libre competencia; financiarás a los políticos amigos, que luego se incorporarán a los consejos de administración, donde justificarán las subidas de precio... qué mareo, pensó Vicentón.

    Sanchopanzón atocinado sin don Quijote, en sus escapadas manchegas, cerros cerriles allá por Criptana, escolta de un don hidalgo enloquecido que veía molinos transformados en gigantes, Vicentón Cuellotoro imaginó chalets pareados y verdes urbanizaciones. Incluso en su alucinación desbordada llegó a ver un resort familiar para vacaciones en medio de La Mancha más árida, rodeada de un campo de golf, abastecido por el agua dulce de un lejano río.

    Quiso estar presente en "la política", esa noble actividad en/a favor de los mandan y mangonean, incomprendidos patriotas irredentos de la España eterna, para llevarse la tajada del león; y a ser posible al mismo león, de rugir escaso y desdentado. E inició sus arteras labores de discreta intermediación entre políticos y empresarios, los llamados creadores de riqueza: una concesión por aquí y otra por allá, una comida y un contrato de basuras bajo cuerda, unas comisiones que no son tanto como dicen esos perro-flautas o sopla-flautas de puerta de supermercado... todos ganamos y aquí paz y después gloria... en los paraísos fiscales, donde los dinero no corren peligro. Los jueces amigos, siempre miraban para otro lado. 

    El personaje, de la España más profunda y reaccionaria, reflejaba su candente felicidad cuando aparecía en las fotografías, junto a los jefes del cotarro, traje azul, sonrisas de oreja a oreja. Era Vicentón Cuellotoro, estampa del pasado presente en el presente, paseando sin complejos por los pueblos de La Mancha, dando caña a todos esos individuos que hablan de lógica y de la razón; cuando lo que importa es la lógica y la razón de los mercados capitalistas.


Pablo Torres

Madrid, jueves 25 de marzo 2021

 

 

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

RETRATOS SATÍRICOS CONTEMPORÁNEOS (2)

 

JOSÉ ALAR CUNT, CENSOR DE PERIODISTAS


 

 

Porculero vocacional, censor de periodistas, José Alar Cunt confundía Dick (nombre propio) con "a dick" (una polla). Y no tuvo empacho en eliminar la firma de un artículo de un periodista no sometido a sus bajezas, porque su cerebro, estiercol de niñato pijo con pretensiones, no le daba para más. Se escandalizaba ante nombres como las Pussy Riot (Coño perturbado), o la procesión del coño insumiso

Resumen de uno de los capítulos de "La culpa fue del Caviar", entrega de "Los casos de Tadeus Kunzt", en el que el periodista jubilado Esteban Zapata le explica los modos y maneras de los políticos mediocres, como José Alar Cunt, empeñados en censurar a la manera franquista cualquier texto que se les ponga por delante

Tenía en sus manos un capítulo de la biografía de EstebanZapata, periodista jubilado. Se titulaba “El inquisidor tonto, el chiquitín pelota y La Chelito”. Narraba su experiencia con tres tipejos de un partido político desnortado, supuestamente de izquierdas, empeñados en censurar a periodistas de una publicación estatal, obligándoles a trabajar como si fueran empleados de alguna empresa privada de su propiedad. Eduardo Navarro, de la “Agencia de Investigación Tadeus Kunzt”, se interesó por José Alar Cunt, un necio con pretensiones, experto de corrección política, censor de periodistas.

            El apartado dedicado a José Alar Cunt, destilaba la mala leche propia de un periodista insobornable, condenado a ganar un sueldo menor que el de un fontanero o un carnicero... por librepensador independiente. El tipejo Alar Cunt pertenecía al grupo de esos chicos trajeados de azul, corbata a juego, gemelos de oro, pelo engominado, misa dominical. Provocaba exclamaciones del tipo “Cuanto más conozco a los políticos, más quiero a mi perro”. El muchachote tenía futuro político, traidorzuelo siempre dispuesto a realizar cualquier trabajo sucio que le llenara la cartera: era un completo lameculos menor, un diletante; un político de tercera categoría que, como otros gilipollas, estaba en la política para tocar las pelotas a los trabajadores y amasar una fortuna…

            José Alar Cunt, un rasputín de tres al cuarto, ¿era de fiar? Si la paga era la adecuada, este advenedizo blandito, olisqueador vocacional de entrepiernas, infectado de codicia, era de desconfiar. Su currículum, lleno de mentiras propias de un “creativo” de los que no valen ni para tomar por el culo, apestaba. Eduardo leía y no se lo creía: educado en un colegio privado, de dogmáticas ideas religiosas, de una poderosa secta, estudiante mediocre, sus adinerados padres –amasaron una fortuna con los privilegios de la dictadura franquista–, enviaron al joven José Alar Cunt a estudiar Derecho en una universidad elitista, privada, de la zona norte, fundada en los oscuros tiempos anteriores a la Constitución de 1978. Para engordar su síntesis profesional, cursó algunos estudios estériles de Economía, o ciencias de la adivinación; e hizo un máster del universo relacionado con las energías… con el tiempo, gracias a las llamadas de papá, le ficharon como “asesor” político, experto en naderías. No tenía hueco en la empresa privada, ni capacidad profesional para montar su propio bufete como abogado.

¿El joven José Alar Cunt aprendió a motivar como líder formado en un curso de liderazgo? No. ¿Aprendió a ganarse el cariño y el afecto de todos como líder? No: le faltaba inteligencia emocional. ¿Tenía un buen trato humano? No: se lo impedía su naturaleza despótica ¿Conocía los detalles familiares de las personas que trabajaban con él? No: le importaban un carajo. ¿Se ganó el aprecio de algún equipo de trabajo en prácticas como líder? No: le detestaban por incompetente. ¿Sabía liderar? No: sólo sabía hacer la pelota a sus jefes, recurso de los limitados mentalmente para sobrevivir. Un líder auténtico no necesita hacer un cursillo de liderazgo.

Alto y desgarbado, pelo castaño, nariz grande, cara poco agradable, sonrisa forzada que no borraba su gesto crispado, abundante pelo repeinado y tieso, trajeado en gris, consciente de su vulgaridad y falta de lucidez, José Alar Cunt necesitaba medrar a cualquier precio: nunca destacaría por talento o inteligencia, porque no tenía ni inteligencia ni talento. Su estrategia le llevó a arrimarse a los cuadros intermedios de políticos satisfechos con sus nutridos ingresos mensuales, para hacerse un hueco entre los asesores “bien-pagados”, inútiles con vocación de bufones. Encontró su lugar entre una figura política de tercer orden, súper pagada, “La Chelito”; y su fiel escudero, un tipejo bajito, acomplejado, de mandíbula prominente, apodado “El Agustinín” o el “Chiquitín pelota”.

            El consejo de papá, hombre del régimen anterior, le llevó a realizar un máster en liderazgo en la afamada, elitista universidad norteña; y otros estudios de relleno. Demostrarían el poderío económico familiar, la aparente sólida formación académica de los hijos de la gran burguesía, pensada como la inversión más rentable para acceder a los mejores trabajos en el mercado laboral.

¿El joven José Alar Cunt aprendió a motivar como líder formado en un curso de liderazgo? No. ¿Aprendió a ganarse el cariño y el afecto de todos como líder? No: le faltaba inteligencia emocional. ¿Tenía un buen trato humano? No: se lo impedía su naturaleza despótica ¿Conocía los detalles familiares de las personas que trabajaban con él? No: le importaban un carajo. ¿Se ganó el aprecio de algún equipo de trabajo en prácticas como líder? No: le detestaban por incompetente. ¿Sabía liderar? No: sólo sabía hacer la pelota a sus jefes, recurso de los limitados mentalmente para sobrevivir. Un líder auténtico no necesita hacer un cursillo de liderazgo.

El segundo personaje del trío, el “Agustinín”, era personaje menor transmutado, de la noche a la mañana por su adscripción política, sin dejar ser el agrio, amargado, gris funcionario puesto a dedo, dispuesto a perpetrar cualquier bellaquería. La política inundaba la billetera de los tontos con habilidad para elegir bando. El gran mérito de “Agustinín” fue optar por el bando más rentable.

Eduardo Navarro quiso conocer personalmente a Esteban Zapata, periodista jubilado, hombre dispuesto a no dejar títere sin cabeza, en un país de títeres con dientes de tiburón. Una llamada de teléfono, entrevista concertada en un pub irlandés, próximo a la Puerta de Alcalá, celebrada con pintas de Guinness.

            –El problema endémico que tenemos en este bendito o maldito país –sentenció Eduardo–, es que hay mucho tonto, con mucho poder. Son un peligro para la convivencia.

            –Coincidimos en el diagnóstico, Eduardo. Un tonto con poder es peor que el peor de los hijos de puta. Y estamos en manos de tontos, rematadamente tontos.

            –¿Conociste al mediometro ese que llaman “el Agustinín”?

            –Sí. Es un imbécil bajito, acomplejado, un pequeño Napoleón, caniche ladrador. Se crecen ante los que considera sus inferiores y se encoje ante los que entiende sus superiores. Es el clásico tonto español, orgulloso de ser tonto, consciente de su incompetencia. Se mueve como un perrito faldero y amariconado. Reclama las caricias de sus jefes.

            –¿Qué me puedes decir de “La Chelito”?

            –Es una estúpida repeinada, bruta e ignoranta como ella sola. Necesita a su lado a mediocres y grandes tontos…

            –Los pelotas de toda la vida, ¿no? –Eduardo–.

–Eso es. Los pelotas que la rodean le dirán que es una injusticia que no sea ministra y esas sandeces que enardecen a los políticos. Hablo en general: hay políticos excepcionales, aunque no están en partidos con poder… digo poder, aunque debería decir partidos políticos al servicio de los poderes fácticos, los que de verdad mandan.

–¿Estar cerca de ellos es peligroso? –Eduardo–

            –Los años me han enseñado que, para sobrevivir, hay que adaptarse al medio. Si vas de cara, te la parten de inmediato. Siempre hay gentuza de la peor calaña dispuesta a las mayores indignidades por dinero. El “Agustinín” ese de mierda, como no lograba que los periodistas  de “su revista” escribieran a su dictado, les puso como director de la publicación a un funcionario.

            –¿Un funcionario como director de una revista? –Eduardo, extrañado–.

–En España todo es posible, porque donde acaba la lógica, empieza el funcionariado. Y como ese funcionario, licenciado en Periodismo, que antes trabajó en un medio radiofónico, hizo causa con la Redacción, el "Agustinín", pequeña sabandija, le enfiló y se la guardó. Pero ese bajito mamón se dedicaba a “comer” con periodistas de otras revistas, invitándoles en buenos restaurantes. No pagaba de su bolsillo. Además, les daba publicidad para garantizarse artículos favorables a su gestión. Es decir, compraba sutilmente la voluntad de los propietarios, que forzaban a los periodistas a escribir artículos patéticos a favor de ese tonto del culo si querían mantener el empleo. Ese era el “Agustinín”, el caniche de “la Chelito”.

–Cómo os las arreglabais para publicar? –Eduardo–

            –Para poder publicar artículos y entrevistas con gente que merecía la pena, debías ocultar algunos datos. En cuanto escribías que tal escritor o personaje estuvo ligado al Partido Comunista, te rechazaban el artículo: los franquistas, guardianes del orden establecido, siempre estaban al acecho. Nada de escribir sobre el franquismo, nada de molestar a los franquistas. Lo normal era ocultar ese dato o cualquier otro que no les gustara. Siempre han querido banalizar la historia del franquismo, su maldad. Dada la ignorancia del “Agustinín” y su camarilla de indocumentados con pretensiones, con un poco de habilidad, publicabas buenos artículos.

            –Nunca pensé que podían suceder estas cosas…

            –Y otras más gordas. En una ocasión, un redactor de los patéticos, “Carlitos, el pequeño Judas”, lameculos que llegó a creerse que era el redactor-jefe de la revista. Decidió hacer todavía más la pelota al “Agustinín” publicando páginas y páginas con fotos de su jefe. Aquel artículo provocaba vómitos. Cuando el “Agustinín” regresó de un viaje y vio el descalzaperros hecho por ese lameculillos, ordenó destruir toda la tirada de la revista y volverla a imprimir, cambiando unas fotos. Yo conservo un ejemplar para la historia de esa revista, que logré esconder. La broma de ese Judas costó más de seis mil euros. Quería demostrar su autoridad, ante ese mierda: demostró lo tonto y lo soberbio que era. Es el inconveniente de tener un jefe tonto de baba que pensó que el resto de la Redacción era como aquel mierda.

–¿El “Agustinín” es un tío acomplejado? –Eduardo–.

–Posiblemente. Muchos bajitos tienen mucha mala folla. El “Agustinín” es un tipo verticalmente corto, o reducido…como Franco. Ese tonto-pollas es un enano con un mentón desproporcionado, caballuno. No tiene ni media hostia. Pero hoy no se puede decir de alguien que es un enano trajeado, porque es ofenderle. Lo mismo pasa si dices de alguien que es tuerto. Lo correcto es decir que es una persona de visión reducida…

            –¿Volvemos a “la Chelito”?

            –Relamida, repeinada, rubia de bote, oxígeno puro en el pelo recortado, alisado hasta conformar una tupida peluca natural, a la manera de aquellos peinados infames, vintage, de los años 60, siglo XX, cuando la moral nacional-católica infectaba hasta el último rincón, del último pueblo de la provincia más deshabitada.

            –¿Una tipa desagradable? –Eduardo, perplejo–.

Cuerpo menudo, caminaba en difícil equilibrio como una estrella de rock, sin fans, desde la puerta de su casa al coche oficial; y desde el coche oficial a su despacho, donde ocupaba un gran sillón, pequeño en un desproporcionado espacio, acorde con su posición política. No se mezclaba con los trabajadores, ni atendía sus peticiones, personificando el ordeno y mando: nada de llevarle la contraria, o contradecir sus órdenes. Despótica hasta el ridículo, creía que todos debían estar su servicio.

            –Menuda pájara –dijo Esteban Zapata–. Debe sufrir algún tipo de desorden mental. Está convencida de que es la reina de los mares, aunque es una mediocre integral. Es de ese tipo de políticos que no se conforma con una dirección general. Ella cree estar en un nivel superior, con un sueldo superior, exagerado. Pero no vale mi para tomar por el culo.

            –En ese partido político ¿no tienen gente con entidad? –Eduardo, asombrado–.          

–Si revisa el tiempo y el trabajo que hizo, cuando la pusieron a dedo donde la pusieron, comprobarás que pasó sin pena ni gloria, aunque se marchó con la cartera llena. Siempre que su partido la coloca, hace lo mismo: hacer que trabaja y forrarse.

            –Pero si apenas sale en los medios de información…

            –Sabe que si se mueve, no sale en la foto. Es una forma de decir que es una consumada maestra en obedecer a sus superiores, mostrarse discreta y trabajar su imagen. Salir poco en los medios y salir bien. Esa es la clave de su éxito. Pero es una política vulgar, mediocre, sin talento. Domina el arte de la manipulación y tiene a dos mamarrachos haciéndole ese sucio trabajo de imagen: el José Alar Cunt y el chiquitín de mala folla.

            –Esa tipa, ¿ha trabajado alguna vez en el sector privado?

            –Si te digo la verdad, no lo sé. Pero, ¿quién le va a pagar más y mejor que su partido? En la  empresa privada jamás lograría grandes ingresos por su trabajo. Para el dinero “la Chelito” no es tonta, no. Aunque hay que tener cuidado con ella: es de negras entrañas.

            –¿Y el amigo Alar Cunt?

            –Es de la misma escuela del “Agustinín”, un gilipollas, un abogadito mediocre, simple y bastante estúpido, con alma de inquisidor. La censura sigue viva en España, no murió con el franquismo. Si ese individuo es el reflejo de alguna institución del Estado, que se agarren los ciudadanos ante el susto o muerte que les provocará.

            –¿Ese individuo censuraba información?

            –Sí, por supuesto. Si se hace en la televisión pública, se hace en otras publicaciones. Hay pocos periodistas de verdad a los que se les permita escribir con entera libertad, en defensa de la sociedad; cuidándose mucho de molestar a sus amos.

            –¿Algo concreto de José Alar Cunt?

–En una ocasión, ese indeseable, militante de un partido político supuestamente de izquierdas, se atrevió a quitar la firma de un periodista que no se sometió a sus caprichos en un artículo, porque no le gustaba el nombre. Vamos, que ese siniestro inquisidor de mierda le hubiera cambiado el nombre a Moby Dick, la gran ballena blanca; o al mismo Dick Cheney, vicepresidente de los Estado Unidos de Norteamérica, porque Dick, nombre propio en Estados Unidos y países de habla inglesa, aunque para los ignorantes suena a polla… fonéticamente hay bastante diferencia.

            –No me lo puedo creer…vamos, que es la polla.

            –Lo que te digo es cierto, Eduardo. Ese mameluco embrutecido, fanático como un inquisidor, no hubiera permitido el nombre del grupo musical las “Pussy Riot”. Traducido sería “Coño perturbado”, “Coño loco” o algo por el estilo. En fin, este tipo de gilipollas infectan los partidos políticos, infectan cualquier entidad, mientras llenan sus carteras con descaro.

            –Esos comportamientos, ¿tienen alguna explicación? –Eduardo, tratando de comprender una conducta tan miserable–.

            –Ya sabes que estos cabestros, educados en colegios religiosos subvencionados, son mayoritariamente unos reprimidos sexuales patológicos, más salidos que el rabo de un cacerolo… en cuanto ven una teta o huelen unas bragas, enloquecen. Y les sale el inquisidor que llevan dentro.

            –Este individuo, ¿sabes si tiene algún funcionario que le asesore?

            –Creo que sí. Se ha dejado guiar por el hijo de un franquista, un militar de oscuro pasado criminal. Tarde o temprano descubrirá que es un manipulador, que le maneja a su antojo. Los niños de papá no son listos que se diga.

            –Toda esta gentuza, sin escrúpulo subvierte los nobles principios de la política –Esteban Zapata, desde su experiencia–. Dicen que están para servir a los ciudadanos, aunque la realidad deja claro que únicamente quieren forrarse.

            Eduardo llegó a la conclusión de que José Alar Cunt era el prototipo del político indeseable, trepa vocacional, siniestro inquisidor achulado, maula con cara de tonto, rematadamente tonto, dispuesto a machacar a los que creía sus inferiores; siempre a las órdenes de sus superiores jerárquicos que le marcaron el recorrido, el camino de la sumisión y el sometimiento bien recompensado.

            Eduardo Navarro, de la Agencia de Investigación Tadeus Kunzt, y Esteban Zapata, periodista jubilado, se despidieron con un abrazo.

Pablo Torres

NOTA.- El texto es una ficción, basada en hechos reales, resumen de un capítulo de la novela "La culpa fue del caviar", de Pablo Torres, de próxima publicación, cuando el covid-19 permita ir a las buenas librerías. 


Rafael Rodríguez

Rafael Rodríguez  UN DESCONOCIDO INTELECTUAL     Vivió la vida con pasión, participando en carreras de motos, interpretando papeles en Teatr...