jueves, 14 de septiembre de 2023

VIAJES: CAMINOS, LUGARES, ACENTOS (3)

 

BERA DE BIDASOA, PUEBLO DE FRONTERA

Julio del 2023

Villa y municipio de Navarra, en la Merindad de Pamplona, comarca de Cinco Villas, Bera o Vera de Bidasoa tiene una población de 3.763 habitantes. Al tener la “be” y la “uve” el mismo sonido, hay documentos en los que el nombre del pueblo está escrito con “be” y con “uve”. El origen de la toponimia del nombre puede ser vasco o castellano… que cada cual lo escriba como quiera.

             El término municipal está cruzado por algunos tramos de la carretera nacional N121A (Pamplona-Irún) y por dos carreteras locales que llegan a Francia por el collado de Ibardín (315 metros) y el collado de Lizuniaga (315 metros). Dentro del municipio están, además de la villa de Bera, los siguientes barrios: Caule, Cía, Dornaku, Elzaurdía, Garaitarres, Suspela Este, Suspela Sur y Zalaín. En algunos catálogos incluyen caseríos: Aguirre, Endarlaza, Ibardín, Alzate…el relieve del término está definido por los Pirineos navarros orientales, aunque el límite occidental lo determina el río Bidasoa. La altitud oscila entre los 882 metros al norte, en el límite con Francia; y los 20 metros, en las orillas del río Bidasoa. La villa está a 36 metros sobre el nivel del mar.

UN POCO DE HISTORIA POLÍTICA.- por su situación geográfica fronteriza, Bera de Bidasoa ha vivido importantes conflictos bélicos:

Guerra de la Convención (1793-1795). En un primer momento, Bera fue ocupada por tropas españolas. Desde finales de julio de 1794, tropas francesas se ocuparon el pueblo, hasta el final del conflicto en 1795.

Guerra napoleónica. Entre 1813 y 1814 tropas aliadas al mando del duque de Wellington se instalaron en Cinco Villas de Navarra, Urdazubi y Doneztebe, persiguiendo a las tropas del mariscal Soult.

            El 20 de octubre de 1830, el general Espoz y Mina cruzó la frontera por Bera con la intención de proclamar la constitución liberal frente al absolutismo de Fernando VII

            El 4 de abril de 1838, dentro de la primera Guerra Carlista, los liberales quemaron la iglesia de Bera.

            En 1872 Carlos de Borbón entró por Bera para proclamar la guerra contra Amadeo de Saboya. Durante la segunda Guerra Carlista, el cura Santa Cruz organizó algunas escaramuzas en Bera.

            En 1924, durante la dictadura del general Primo de Rivera, un grupo de anarquistas españoles exiliados en Francia, entró en Bera, esperando que se levantara el pueblo para acabar con la dictadura. La intentona falló: las policías francesa y española estaban al tanto de los propósitos de los revolucionarios.

            Entre 1936 y 1939 hubo cuatro salidas de población hacia Francia, escapando del terror franquista. Los rebeldes no se detenían ante nada.

            A finales de agosto de 1936, entre quince mil y veinte mil republicanos pasaron a Francia, tras la caída de Guipúzcoa en manos de los sublevados franquistas. Finalizada la guerra civil, el paso fronterizo de Irún-Hendaya y otros cercanos, siguieron funcionando. La segunda Guerra Mundial provocó la creación de redes para poner a salvo a los judíos, a miembros de la Resistencia francesa, pilotos aliados derribados que huían de la Francia ocupada por los nazis...

    Una de las rutas más utilizadas por la “Red Cometa”, partía de la granja Bidegain-Berri, en Urugne. Finalizado el conflicto bélico, a partir de las décadas de los 50 y los 60, siguieron las migraciones económicas a Europa. Los españoles cruzaron las fronteras por millones, añadiéndose los portugueses: aportaron otro millón y medio de emigrantes, huyendo de la explotación de la dictadura del general Salazar y para evitar ser enviados a las guerras coloniales de Angola y Mozambique.

En la periferia de Bera de Bidasoa, cerca de la carretera de Irún-Pamplona, hay un memorial dedicado a las víctimas del franquismo... 

EL PUEBLO.- El conjunto histórico de Bera se fundamenta en el caserío Vasco: sólidos edificios de planta rectangular, dos alturas, gruesos muros hechos con grandes piedras y mortero, tejado a dos aguas. Las ventanas tienen buen tamaño para permitir la ventilación y dejar pasar la luz. En la planta baja estaban los animales y carros, más los aperos de labranza. La primera planta se dedicaba a vivienda.

En Bera de Bidasoa está la casona de Pío Baroja, o casona de los Baroja. Se localiza junto a la carretera NA-1310. En junio de 1912, el escritor Pío Baroja decidió adquirir la casona Itzea para “refugio” familiar. El propio Baroja lo escribió en “Guía sentimental de Itzea”: “Cansado de vivir siempre en Madrid (...) creía sería mejor comprar un caserón viejo y arreglarlo durante ocho o diez años. Consultábamos anuncios en los periódicos de San Sebastián, y al fin dimos con uno en El Pueblo Vasco de esa ciudad, que hablaba de un caserón de Vera, bueno para fábrica o convento, que estaba al lado de un riachuelo, y que lo daban barato. Fui a Vera a verlo; aquello era una verdadera ruina. A pesar de eso lo adquirí y con el tiempo hemos conseguido arreglarlo bastante”.


 Julio Caro Baroja, sobrino de Pío Baroja, uno de los más importantes etnólogos y antropólogos de España, escribió sobre Itzea: “Itzea, la casa de Vera, es el sitio donde yo estoy siempre más a gusto. Si no fuera porque el clima húmedo y relativamente frío del invierno vasco me produce trastornos en la salud me iría a vivir allí para todo lo que me quede de vida. Itzea está cargada de recuerdos, malos los unos, buenos los otros. Pero así como mi visión de Madrid es amarga, la de Vera es plácida. El recuerdo triste de Madrid no lo ha paliado el tiempo. El de Vera, sí".

No pudimos ver la casona de los Baroja: la casa estaba cerrada por obras. No encontramos cartel alguno que indicara la fecha de terminación de las mejoras del casón. Pío Baroja debe ser un personaje poco importante para los responsables del pueblo.

EL PUENTE DE SAN MIGUEL.- En Bera, el puente de san Miguel comunica la villa con el barrio de Alkaiaga, de Lesaka. El 1 de septiembre de 1813, el puente de san Miguel, sobre el río Bidasoa, fue el escenario de un duro enfrentamiento bélico entre tropas napoleónicas, antes derrotadas en la Batalla de Vitoria (Álava) y un combinado de tropas españolas e inglesas. En el memorial que recuerda la batalla, se puede leer: “En la memoria del capitán Daniel Cadoux y de sus valerosos cazadores del Regimiento inglés 95 (Rifle Brigade) que murieron defendiendo este puente el 1 de septiembre de 1813, peleando por la independencia de España en unión de sus heroicos compañeros españoles”.

                                                        Puente de San Miguel, escenario de un combate bélico.

AINHOA, UN POCO MÁS ALLÁ DE SARA.- Desde Bera de Bidasoa hacemos unas escapada hasta Ainhoa, pequeño pueblo vascofrancés de 669 habitantes (censo del 2012), un poco más allá de Sara. Es una comuna francesa ubicada en los Pirineos Atlánticos, en la región de Nueva Aquitania, en el territorio vascofrancés de Labort (Lapurdi, en euskera). El pueblo está en la ribera del río Nivelle: limita al norte con la comuna de Souraïde, al oeste con Saint-Pée-sur-Nivelle y al este con Espelette e Itxassou. Ainhoa, rebautizada durante la revolución burguesa como Mendiarte, tiene un buen patrimonio religioso resultado de su posición en el Camino francés de Santiago, en la vía de Baztán.

                                                                                    Ainhoa, un pueblo vasco-francés.

 El pueblo es una monería: presumen de “Vasconía”. Juegan a la pelota vasca con palas de madera, en un frontón instalado junto a la iglesia. En un costado de la iglesia, el cementerio. Es raro que los campos santos se permitan dentro del casco urbano. La calle principal es el eje de la ciudad, donde se concentran bares, restaurantes y locales comerciales, en su mayoría de souvenirs. El pueblo destaca por su limpieza y cuidado.

 

Texto y fotografías: Pablo Torres
Capítulo del libro de viajes "Caminos, lugares, acentos".
Páginas 111 a 116 que se editará a finales del 2023 o inicios del 2024.

 

 

sábado, 2 de septiembre de 2023

VIAJES: CAMINOS, LUGARES, ACENTOS (2)

 

 

 

 

El acceso a la cueva, desde uno de los costados de la formación rocosa

ZUGARRAMURDI, DELIRIO CON BRUJAS

Martes, 4 de julio 2023

 Nos levantamos a las ocho y media de la mañana. Durante la noche llovió, sin estridencias. Al abrir las ventanas, nos llegó el olor húmedo que desprenden arbustos y árboles. Junto al caserío, una gran higuera, un nogal, robles… los olores de la montaña son algo desconocido para los pobladores de las grandes ciudades, acostumbrados a respirar todos los días el aire contaminado por los malos humos de los vehículos y otras industrias contaminaciones.

Viendo la orografía de Sara, los verdes acuosos, pienso en la orografía de toda la cornisa cantábrica y en los pueblos que la habitaron, pueblos prerromanos: desarrollaron un mismo arte, vivieron en cuevas, sobrevivieron con las mismas técnicas de caza y pesca... Los vascos parecen ser los descendientes de aquellos pobladores, antiguos iberos que se extendieron por encima de la frontera del río Ebro e incluso bajaron a las montañas ibéricas. Creo que una parte de Euskadi es el último reducto de los pueblos iberos anteriores Roma y su imperio.

ZUGARRAMURDI. Nos trasladamos hasta Zugarramurdi, desde Sara. El caserío de Sara pertenece a Francia, aunque forma parte del País Vasco. Entre Sara y Zugarramurdi hay unos pocos kilómetros por una carretera local. Las cuevas son impresionantes.

            En la comarca de Baztán, a 83 kilómetros de Pamplona, se localiza Zugarramurdi, pueblo de inmediato asociado a la brujería por unos procesos inquisitoriales contra unas mujeres acusadas de brujas en el siglo XVII. El municipio se forma con cinco lugares habitados: Azcar, Echartea, Madaria, Olazur y Zugarramurdi. Unos pocos kilómetros separan Sara de Zugarramurdi. La evolución poblacional de Zugarramurdi es negativa: tienen 232 vecinos (censo del 2017).

Uno de los caseríos típicamente vascos

             En origen, Zugarramurdi fue un poblado de caseríos abandonados, rodeando el monasterio de san Salvador. Fue declarada villa en el año del 1667. La historia de Zugarramurdi está marcada por un proceso de la Inquisición, del año 1610: acusaron de brujería a cuarenta vecinos, la mayoría mujeres, condenando a doce de ellos a morir en la hoguera. Las sentencias se basaron en testimonios cuajados de supersticiones y envidias. Los testimonios nunca fueron fiables: condenaron a inocentes sin pruebas.

            El gran atractivo de Zugarramurdi son sus cuevas, o la Cueva de los Aquelarres, también Cueva de las Brujas. El arroyo Olabidea, o “Arroyo del infierno” atraviesa una masa de roca caliza, en la que excavó una serie de cuevas a distinto nivel. La cueva de mayor tamaño forma un túnel de 100 metros de largo por 20 metros de ancho y 30 de alto. Afirman que, en estas cuevas, se hacían reuniones de brujas o aquelarres. La brujería es un fenómeno de los siglos XVI y XVII. No hubo brujas ni embrujados hasta que no se comenzó a hablar y escribir sobre la brujería. Entre los lugares donde se abrió paso el temor a supuestos poderes sobrenaturales, están los pueblos dl territorio fronterizo del antiguo reino de Navarra.

En origen, Zugarramurdi fue un poblado de caseríos abandonados,rodeando el monasterio de san Salvador. Fue declarada villaen el año del 1667. La historia de Zugarramurdi está marcada por un proceso de la Inquisición, del año 1610: acusaron de brujeríaa cuarenta vecinos, la mayoría mujeres, condenando a doce de ellos a morir en la hoguera. Las sentencias se basaron en testimonios cuajados de supersticiones y envidias. Los testimonios nunca fueron fiables: condenaron a inocentes sin pruebas.

           Supersticiones, tradiciones ancestrales, rigor religioso, fanatismo, conflictos políticos… se unieron en ese tiempo oscuro para acusar de brujería cualquier aprensión y prejuicio en una sociedad cristiana, sin espacio para la disidencia religiosa: el demonio y la supuesta posesión demoniaca siempre fue la gran excusa de la jerarquía católica para someter a una población analfabeta, sometida al dogma. Dudar del dogma podía llevar a la hoguera. En concreto se les acusó de celebrar misas negras, provocar tempestades en el Cantábrico, causar males a los animales y campos, practicar el vampirismo y la necrofagia…

            La historia de la brujería es la historia de su persecución. La autosugestión y la psicosis colectiva fabricaron disparates que llevaron a un buen número de inocentes a la hoguera. Las brujas nunca existieron: quizá fueran mujeres con ciertos conocimientos de botánica, capaces de identificar hierbas curativas para animales y personas. Esa capacidad de curación de enfermedades quisieron asociarlo al demonio, en forma de macho cabrío, fabricando estupideces. Entre tontos y maliciosos pusieron en funcionamiento la Inquisición, órgano cristiano de máxima represión, siempre vigilante de la ortodoxia.

            Para mantener el interés turístico, actualmente celebran el solsticio de verano con una fiesta de culto al fuego; y en las fiestas de agosto, con una “bacanal” gastronómica de carneros asados o “zikiro-jate”. En suma, poca brujería, mucha tontería. Por supuesto, todas las afirmaciones sobre la brujería en estas cuevas son fantasías y fabulaciones.

Una maravillosa formación geológica.     

    El antiguo hospital de la población se ha reconvertido en “Museo de las brujas”. El día que visitamos las cuevas, el museo estaba cerrado, hecho que debe considerarse como netamente español.

            En la actualidad, Zugarramurdi se define por un conjunto de caseríos, en unas pocas calles. Entre su patrimonio monumental religioso está la iglesia de la Asunción, del siglo XVIII, parcialmente destruida por las tropas napoleónicas en 1793. El templo se reconstruyó durante el siglo XIX. También se puede ver la ermita de la Señora del Rosario. No hay mucho más donde elegir.

            LAS CUEVAS DE ZUGARRAMURDI.- Las cuevas de Zugarramurdi son una pequeña maravilla de la naturaleza. Sobresalen por su carácter superficial, a unos quinientos metros del casco urbano del pueblo, en el antiguo camino Zugarramurdi-Sara. El poco caudaloso río Olabidea, o “Arroyo del Infierno”, de aguas cristalinas, ha erosionado lentamente la piedra, recorriendo la cueva principal, buscando su salida.

            Cuando se entra en la zona de la cueva, se puede ir directamente a la oquedad o realizar un circuito externo contemplando la naturaleza circundante. Si se elige  “el circuito”, hay que superar todo un conjunto de desniveles, siguiendo un camino señalizado. En ese camino, hay que subir y bajas más de quinientos escalones. Realizarlo, supone una pequeña hazaña mañanera.

            Vivimos tiempos de raras costumbres, extendidas allá donde viajes. En las cuevas de Zugarramurdi vimos que la gente amontonaba piedras, de distintos tamaños, en un equilibrio constante. Aseguran que hacer eso, conlleva atraer a la buena suerte: es volver a las supersticiones, a las creencias irracionales implantadas en la sociedad, ahora con un aire de exquisitez moderna. Nos apuntamos a ese movimiento absurdo, con Silvia: dejamos un montoncito de piedras, unas sobre otras, en ese difícil equilibrio que se supone atrae a la buena suerte.

Para mantener el interés turístico, actualmente celebran el solsticio de verano con una fiesta de culto al fuego; y en las fiestas de agosto, con una “bacanal” gastronómica de carneros asados o “zikiro-jate”. En suma, poca brujería, mucha tontería. Por supuesto, todas las afirmaciones sobre la brujería en estas cuevas son fantasías y fabulaciones. El antiguo hospital de la población se ha reconvertido en “Museo de las brujas”.

             UN HORNO DE CAL.- Dentro de la cueva se conserva un horno de cal, construido en el siglo XVIII, un tiempo de necesidades y hambre. Los agricultores descubrieron que la cal viva mejoraba la cosecha de sus campos. El horno era un cilindro hueco, con bóveda y entrada superior para la carga de la piedra caliza. Disponía de otra entrada inferior para la leña, de todo tipo de árboles y arbustos. Y una tercera entrada para el tiro y la ceniza. Podían tener un pequeño tejadillo (legorra) en la entrada.

El interior de las cuevas despierta la fantasía 

     Se construían próximos a roquedos calizos, donde abundaba la materia prima y en zonas de pendiente para tener buen acceso a las bocas superior e inferior. El proceso se iniciaba con la cocción de  la cal a baja temperatura, aumentándola hasta alcanzar los mil grados. En ese momento, la piedra caliza se convierte en cal viva. Se dejaba enfriar durante dos días y se extraían para repartirla entre los vecinos.

EL CONTRABANDO.- La división del País Vasco en dos espacios, uno para España y otro para Francia, originó el contrabando en épocas concretas. España, tras la guerra civil, necesitaba de toda suerte de productos. Los particulares recurrían al contrabando para subsistir. El contrabando se hacía normalmente de noche, en sentido norte o sentido sur. El contrabandista y su burro o mula, se movían de un lado a otro con azúcar, café, chocolate, vino, tabaco, telas…también mercancías más complejas: maquinaria, herramientas, ovejas, caballos, vacas… incluso se pasaban personas que querían huir de España por motivos políticos.

Para desarrollar bien el trabajo, existían acuerdos tácitos entre “carabineros” y “douaniers” y contrabandistas. Caso de encontrarse en el monte, los contrabandistas abandonaban sus alijos a cambio de que los guardias de frontera no dispararan y les decomisaran las mercancías.

La orografía del terreno y su vegetación siempre han sido los idóneos para el tránsito ilegal de mercancías y personas. La frontera es amplia, con regatas y sendas, con grutas y cuevas donde esconder sus productos. La propia senda que une las cuevas de Zugarramurdi, Sara y Urdazubi evoca los caminos que hubo del contrabando.

 

Texto y fotos: Pablo Torres (capítulo del libro de viajes "Caminos, lugares, acentos", 

páginas 105 a 110, que se editará a finales del año 2023 o inicios del 2024).

 

Rafael Rodríguez

Rafael Rodríguez  UN DESCONOCIDO INTELECTUAL     Vivió la vida con pasión, participando en carreras de motos, interpretando papeles en Teatr...