sábado, 2 de septiembre de 2023

VIAJES: CAMINOS, LUGARES, ACENTOS (2)

 

 

 

 

El acceso a la cueva, desde uno de los costados de la formación rocosa

ZUGARRAMURDI, DELIRIO CON BRUJAS

Martes, 4 de julio 2023

 Nos levantamos a las ocho y media de la mañana. Durante la noche llovió, sin estridencias. Al abrir las ventanas, nos llegó el olor húmedo que desprenden arbustos y árboles. Junto al caserío, una gran higuera, un nogal, robles… los olores de la montaña son algo desconocido para los pobladores de las grandes ciudades, acostumbrados a respirar todos los días el aire contaminado por los malos humos de los vehículos y otras industrias contaminaciones.

Viendo la orografía de Sara, los verdes acuosos, pienso en la orografía de toda la cornisa cantábrica y en los pueblos que la habitaron, pueblos prerromanos: desarrollaron un mismo arte, vivieron en cuevas, sobrevivieron con las mismas técnicas de caza y pesca... Los vascos parecen ser los descendientes de aquellos pobladores, antiguos iberos que se extendieron por encima de la frontera del río Ebro e incluso bajaron a las montañas ibéricas. Creo que una parte de Euskadi es el último reducto de los pueblos iberos anteriores Roma y su imperio.

ZUGARRAMURDI. Nos trasladamos hasta Zugarramurdi, desde Sara. El caserío de Sara pertenece a Francia, aunque forma parte del País Vasco. Entre Sara y Zugarramurdi hay unos pocos kilómetros por una carretera local. Las cuevas son impresionantes.

            En la comarca de Baztán, a 83 kilómetros de Pamplona, se localiza Zugarramurdi, pueblo de inmediato asociado a la brujería por unos procesos inquisitoriales contra unas mujeres acusadas de brujas en el siglo XVII. El municipio se forma con cinco lugares habitados: Azcar, Echartea, Madaria, Olazur y Zugarramurdi. Unos pocos kilómetros separan Sara de Zugarramurdi. La evolución poblacional de Zugarramurdi es negativa: tienen 232 vecinos (censo del 2017).

Uno de los caseríos típicamente vascos

             En origen, Zugarramurdi fue un poblado de caseríos abandonados, rodeando el monasterio de san Salvador. Fue declarada villa en el año del 1667. La historia de Zugarramurdi está marcada por un proceso de la Inquisición, del año 1610: acusaron de brujería a cuarenta vecinos, la mayoría mujeres, condenando a doce de ellos a morir en la hoguera. Las sentencias se basaron en testimonios cuajados de supersticiones y envidias. Los testimonios nunca fueron fiables: condenaron a inocentes sin pruebas.

            El gran atractivo de Zugarramurdi son sus cuevas, o la Cueva de los Aquelarres, también Cueva de las Brujas. El arroyo Olabidea, o “Arroyo del infierno” atraviesa una masa de roca caliza, en la que excavó una serie de cuevas a distinto nivel. La cueva de mayor tamaño forma un túnel de 100 metros de largo por 20 metros de ancho y 30 de alto. Afirman que, en estas cuevas, se hacían reuniones de brujas o aquelarres. La brujería es un fenómeno de los siglos XVI y XVII. No hubo brujas ni embrujados hasta que no se comenzó a hablar y escribir sobre la brujería. Entre los lugares donde se abrió paso el temor a supuestos poderes sobrenaturales, están los pueblos dl territorio fronterizo del antiguo reino de Navarra.

En origen, Zugarramurdi fue un poblado de caseríos abandonados,rodeando el monasterio de san Salvador. Fue declarada villaen el año del 1667. La historia de Zugarramurdi está marcada por un proceso de la Inquisición, del año 1610: acusaron de brujeríaa cuarenta vecinos, la mayoría mujeres, condenando a doce de ellos a morir en la hoguera. Las sentencias se basaron en testimonios cuajados de supersticiones y envidias. Los testimonios nunca fueron fiables: condenaron a inocentes sin pruebas.

           Supersticiones, tradiciones ancestrales, rigor religioso, fanatismo, conflictos políticos… se unieron en ese tiempo oscuro para acusar de brujería cualquier aprensión y prejuicio en una sociedad cristiana, sin espacio para la disidencia religiosa: el demonio y la supuesta posesión demoniaca siempre fue la gran excusa de la jerarquía católica para someter a una población analfabeta, sometida al dogma. Dudar del dogma podía llevar a la hoguera. En concreto se les acusó de celebrar misas negras, provocar tempestades en el Cantábrico, causar males a los animales y campos, practicar el vampirismo y la necrofagia…

            La historia de la brujería es la historia de su persecución. La autosugestión y la psicosis colectiva fabricaron disparates que llevaron a un buen número de inocentes a la hoguera. Las brujas nunca existieron: quizá fueran mujeres con ciertos conocimientos de botánica, capaces de identificar hierbas curativas para animales y personas. Esa capacidad de curación de enfermedades quisieron asociarlo al demonio, en forma de macho cabrío, fabricando estupideces. Entre tontos y maliciosos pusieron en funcionamiento la Inquisición, órgano cristiano de máxima represión, siempre vigilante de la ortodoxia.

            Para mantener el interés turístico, actualmente celebran el solsticio de verano con una fiesta de culto al fuego; y en las fiestas de agosto, con una “bacanal” gastronómica de carneros asados o “zikiro-jate”. En suma, poca brujería, mucha tontería. Por supuesto, todas las afirmaciones sobre la brujería en estas cuevas son fantasías y fabulaciones.

Una maravillosa formación geológica.     

    El antiguo hospital de la población se ha reconvertido en “Museo de las brujas”. El día que visitamos las cuevas, el museo estaba cerrado, hecho que debe considerarse como netamente español.

            En la actualidad, Zugarramurdi se define por un conjunto de caseríos, en unas pocas calles. Entre su patrimonio monumental religioso está la iglesia de la Asunción, del siglo XVIII, parcialmente destruida por las tropas napoleónicas en 1793. El templo se reconstruyó durante el siglo XIX. También se puede ver la ermita de la Señora del Rosario. No hay mucho más donde elegir.

            LAS CUEVAS DE ZUGARRAMURDI.- Las cuevas de Zugarramurdi son una pequeña maravilla de la naturaleza. Sobresalen por su carácter superficial, a unos quinientos metros del casco urbano del pueblo, en el antiguo camino Zugarramurdi-Sara. El poco caudaloso río Olabidea, o “Arroyo del Infierno”, de aguas cristalinas, ha erosionado lentamente la piedra, recorriendo la cueva principal, buscando su salida.

            Cuando se entra en la zona de la cueva, se puede ir directamente a la oquedad o realizar un circuito externo contemplando la naturaleza circundante. Si se elige  “el circuito”, hay que superar todo un conjunto de desniveles, siguiendo un camino señalizado. En ese camino, hay que subir y bajas más de quinientos escalones. Realizarlo, supone una pequeña hazaña mañanera.

            Vivimos tiempos de raras costumbres, extendidas allá donde viajes. En las cuevas de Zugarramurdi vimos que la gente amontonaba piedras, de distintos tamaños, en un equilibrio constante. Aseguran que hacer eso, conlleva atraer a la buena suerte: es volver a las supersticiones, a las creencias irracionales implantadas en la sociedad, ahora con un aire de exquisitez moderna. Nos apuntamos a ese movimiento absurdo, con Silvia: dejamos un montoncito de piedras, unas sobre otras, en ese difícil equilibrio que se supone atrae a la buena suerte.

Para mantener el interés turístico, actualmente celebran el solsticio de verano con una fiesta de culto al fuego; y en las fiestas de agosto, con una “bacanal” gastronómica de carneros asados o “zikiro-jate”. En suma, poca brujería, mucha tontería. Por supuesto, todas las afirmaciones sobre la brujería en estas cuevas son fantasías y fabulaciones. El antiguo hospital de la población se ha reconvertido en “Museo de las brujas”.

             UN HORNO DE CAL.- Dentro de la cueva se conserva un horno de cal, construido en el siglo XVIII, un tiempo de necesidades y hambre. Los agricultores descubrieron que la cal viva mejoraba la cosecha de sus campos. El horno era un cilindro hueco, con bóveda y entrada superior para la carga de la piedra caliza. Disponía de otra entrada inferior para la leña, de todo tipo de árboles y arbustos. Y una tercera entrada para el tiro y la ceniza. Podían tener un pequeño tejadillo (legorra) en la entrada.

El interior de las cuevas despierta la fantasía 

     Se construían próximos a roquedos calizos, donde abundaba la materia prima y en zonas de pendiente para tener buen acceso a las bocas superior e inferior. El proceso se iniciaba con la cocción de  la cal a baja temperatura, aumentándola hasta alcanzar los mil grados. En ese momento, la piedra caliza se convierte en cal viva. Se dejaba enfriar durante dos días y se extraían para repartirla entre los vecinos.

EL CONTRABANDO.- La división del País Vasco en dos espacios, uno para España y otro para Francia, originó el contrabando en épocas concretas. España, tras la guerra civil, necesitaba de toda suerte de productos. Los particulares recurrían al contrabando para subsistir. El contrabando se hacía normalmente de noche, en sentido norte o sentido sur. El contrabandista y su burro o mula, se movían de un lado a otro con azúcar, café, chocolate, vino, tabaco, telas…también mercancías más complejas: maquinaria, herramientas, ovejas, caballos, vacas… incluso se pasaban personas que querían huir de España por motivos políticos.

Para desarrollar bien el trabajo, existían acuerdos tácitos entre “carabineros” y “douaniers” y contrabandistas. Caso de encontrarse en el monte, los contrabandistas abandonaban sus alijos a cambio de que los guardias de frontera no dispararan y les decomisaran las mercancías.

La orografía del terreno y su vegetación siempre han sido los idóneos para el tránsito ilegal de mercancías y personas. La frontera es amplia, con regatas y sendas, con grutas y cuevas donde esconder sus productos. La propia senda que une las cuevas de Zugarramurdi, Sara y Urdazubi evoca los caminos que hubo del contrabando.

 

Texto y fotos: Pablo Torres (capítulo del libro de viajes "Caminos, lugares, acentos", 

páginas 105 a 110, que se editará a finales del año 2023 o inicios del 2024).

 

miércoles, 2 de agosto de 2023

VIAJES: CAMINOS, LUGARES, ACENTOS (1)

 

 DONOSTIA/SAN SEBASTIÁN-SARA

Salíamos de Madrid a las ocho menos diez de la mañana, hacia Donostia (San Sebastián), para luego trasladarnos a un caserío del pequeño pueblo de Sara, en el País Vasco francés, fronterizo con Navarra. Salir desde el sur de Madrid, para dirigirse hacia Burgos, nos llevó más de media hora por la M40. El tráfico no fue precisamente fluido.

Hicimos una parada en Quintanapalla (Burgos), para un pequeño descanso. Luego subimos hacia Vitoria, en Álava. Antes pasamos por el Desfiladero de Pancorbo, en los montes Obarenses de Burgos. Los montes Obarenses, impactantes a la vista, se levantan como muralla natural entre el valle alto del río Ebro y la Bureba, pórtico de la meseta castellana desde el norte peninsular. El río Oroncillo, no demasiado caudaloso, atraviesa el inmenso muro en su camino hacia el Ebro, por un angosto desfiladero: es el paso geográfico, un estrecho pasillo, entre estas dos grandes unidades geográficas, usado desde antaño por todos aquellos que necesitaron cruzar, en sus migraciones, el muro entre territorios.

Siempre me llamó la atención la belleza del desfiladero de Pancorbo. Actualmente no se cruza el pueblo por su mitad urbana. Una pequeña circunvalación evita entrar en la pequeña población.

A la una de la tarde estábamos en Donostia. Aparcar nos llevó su tiempo. Coincidió que ese día pasaba por allí el Tour de Francia: toda la ciudad estaba patas arriba. Siguiendo hacia un costado de la ciudad, más allá del aparcamiento del Kursal, vimos que el parking de Txofre tenía plazas libres. Allí metimos el coche: cerca estaba la playa, con su olor marino. No estaba lejos el Kursal, aunque toda la ciudad estaba petada con vallas que impedían el paso de vehículos.

El "Pintxoteo", típico en la parte antigua de la ciudad

Caminamos junto a la playa de Zurriola, por el paseo, hacia el Kursal y la ciudad vieja: transitar por esa zona es acceder a todo un catálogo del maravilloso faunario humano: bañistas en la playa, disfrutando del sol; una mujer de avanzada edad, leyendo alguna novela, en uno de los bancos del paseo; activistas instalando una pancarta en euskera, sin lograr saber contra qué protestaban al estar escrita en euskera; seguidores del Tour, reservando sitio para ver pasar la riada ciclista; una mujer con su hija, comiendo un helado, esperando a los ciclistas horas antes de su paso; tranquilos peatones, en los dos lados del puente sobre el río Urumea; gente cruzando un paso cebra, más turistas sentados en bancos, aprovechando la sombra de los árboles; una furgoneta del Tour, vendiendo camisetas y gorros a precios abusivos

Cruzamos el puente sobre el río Urumea. Mientras esperábamos la llegada de Javier, Ana y Silvia, nos dimos un pequeño paseo por las estrechas calles del casco histórico, construido tras las guerras napoleónicas. Buscamos una taberna, en las que estuvimos en anteriores viajes, en la calle Íñigo: la estaban preparando para su próxima apertura. recordábamos este local por las extraordinarios chipiones a la plancha, con patatas fritas. Tuvimos que buscar otra taberna.

Encontramos un local casi al final de la calle Fermín Calbete. Se imponía comer de pinchos o pintxos. El “pinchoteo” es actualmente una forma de socializar en las tabernas, sin olvidarnos de los precios: tres y cuatro euros, cada pincho. ¡Una barbaridad! Tres pinchos y una cerveza se van a 12 euros. Y no has comido. Los taberneros siguen en sus trece: desfondar a los turistas, acabar con la gallina de los huevos de oro por pura avaricia.

Seguimos caminando hacia el Ayuntamiento, o antiguo casino. El faunario humano es sorprendente. Afortunadamente cada cual viste como quiere: desde vaqueros y zapatillas deportivas, a minishorts blancos o de colores con cualquier tipo de calzado. Los hombres daban la sensación de ser más recatados.

 El Tour revolucionó y atascó la ciudad

Desde uno de los viales se podía ver parte de la fachada de la iglesia de Santa María del Coro, con una escultura de san Sebastián. La angostura de las calles impide ver el conjunto barroco. Pero lo que no puede ser, no puede ser y es imposible. Pese a todo, el faunario permite obtener buenas fotografías, como la tres mujeres y un hombre caminando hacia el puerto. En esa misma calle, Silvia vio una pequeño hombrecillo construido con papel maché. Vestía una camiseta con los colores del club de fútbol de la Real Sociedad: quiso hacerse un par de fotos con el muñeco de cartón piedra, más o menos de su misma estatura.

Avanzamos en nuestra caminata por la ciudad antigua. Pegado a la heladería Etxeco Izokiak, hay un edificio religioso. No logramos identificarlo, entre otras cosas, porque nos fuimos en dirección hacia la playa de la Concha, un espacio maravilloso en el que se concentran miles de personas para disfrutar de buenos baños en aguas cantábricas. Es un lugar de ensueño, ideal para unas vacaciones de sol y playa.

Los jóvenes se acomodan a cualquier situación, en cualquier circunstancia. Una muchacha miraba y remiraba su móvil, ajena a todo cuanto pudiera pasar a su alrededor. En la plaza del Ayuntamiento, carteles anunciando “JaZZaldía”, para los días 21 al 25 de julio. No todo puede ser sol, playa y pinchos.

Cualquier sitio es bueno para engancharse al móvil.

 Nos situamos en una de las aceras, para ver pasar a los ciclistas del Tour. Javier se puso en los hombros a Silvia, para que viera mejor el paso. Y el paso, de poca duración, se convirtió en una diversión generalizada: miles y miles de teléfonos móviles tomaban imágenes del paso de los ciclistas y todo su acompañamiento de motos y coches.

Después Silvia vio un tiovivo, con sus caballitos. Y allí nos llevó: se subió a uno de los caballos de madera, dando la sensación de montar al mismo Babieca, a la manera de el Cid. Bendita infancia, feliz con cualquier atracción.

El faunario humano siguió ofreciendo imágenes de un tiempo, en una ciudad única: dos mujeres charlaban en un banco de madera, pintado de blanco. Tampoco faltaba un grupo de ingleses, con sus delantales y gorros de ¿chefs”. Quizá pertenecieran a alguna sociedad gastronómica: parecían dispuestos a comerse los pintxos a dos manos. Los ingleses son temibles, especialmente los hooligans futboleros cuando la cerveza por cubos despierta su lado más inhumano.

De regreso hacia el parking pasamos por la puerta de la iglesia de Santa María de Coro. Un sorprendente cartel anunciaba una sorprendente exposición: “Rituales y misticismo religioso en los Andes peruanos”. En ese cartel se podía ver la fotografía de alguien vestido de forma “rara”. Nos pareció que ese “alguien” estaba dentro de algún Carnaval, dado el colorido de su ropaje. ¡Tremendo!

En la facha del edificio, en la parte derecha, según se miraba, otras rara obra de arte actual. De significado desconocido, con formas anómalas. Por muchas vueltas que se le quisiera dar, aquello parecía más un adefesio que cualquier otra cosa. Quizá en el futuro esa cosa pueda ser vista como una obra de Arte.

LA IGLESIA DE SAN VICENTE.- El templo dedicado a san Vicente, es el edificio más antiguo, de estilo gótico, en la parte antigua de la ciudad de Donostia. De planta rectangular, con tres naves de crucero, se empezó a edificar en el 1507. En el exterior de sus muros hay sentencias. Una de ellas avisa: “En quien juran y en su casa no faltará mal ni llaga”. En otro de los muros, hay una “Piedad” del escultor Oteiza.


             En nuestra ruta de regreso al parking, vemos carteles sorprendentes, como el de un vampiro de los Años 20, del siglo XX; o un precioso puzzle, con la imagen de una muchacha quizá oriental. Por supuesto, los servicios de limpieza trabajan por toda la ciudad, a cualquier hora del día. Es importante mantener la ciudad limpia. Y en las calles, más imágenes del faunario humano paseando las calles peatonales.

            Casi a la altura del Kursal, el río Urumea con la marea alta. Cuando nos acercamos al parking, ciclistas en los viales por los que había pasado el Tour, la gran carrera del ciclismo mundial. Minutos, a 17:40 horas, después llegábamos a los coches, para seguir nuestro camino hasta el pueblo de Sara, en el País Vasco francés.

Al fondo, el Kursal, uno de los emblemas de Donostia

En los coches, puesto el GPS, marchamos hacia la frontera. Antes debemos llegarnos hasta Irún. Y pasado Irún, más adelante hay que desviarse hacia Pamplona, la capital de Navarra. Al llegar al pueblo de Bera de Bidasoa, lo cruzamos para seguir en dirección a Sara. Entre ambas poblaciones no habrá ni diez kilómetros. Y se sabe que se está en Francia, cuando un cartel nos avisa que estamos en los Pirineos Occidentales. No hay la menor diferencia entre la zona vasco-española o vasco-francesa.

En la zona vasco-franco-navarra, Sara, rodeada de montañas pirenaicas.
 
SARA (País Vascofrancés).- A las siete y cuarto llegamos al caserío Anarpea, en las afueras de Sara, o Sare. Son franceses, son vascos: hablan francés y euskera. Es su tierra. El asunto de la independencia de los vascos es complejo, más en un país como España, o incluso Francia, donde los fanatismos engendran violencia e irracionalidad.

            Sara, escrito y expresado Sara en euskera y castellano fronterizo, es una localidad y “comuna francesa” de los Pirineos Atlánticos, en la región de Nueva Aquitania, cercana al golfo de Vizcaya, en el mar Cantábrico. San Juan de Luz está a 14 kilómetros. Pertenece al territorio histórico de Labort.

            En Sara, a la salida del pueblo, están las cuevas de Sara, o Sare, descubiertas por el sacerdote y etnógrafo José Miguel Barandiarán, exiliado en esa población desde 1941: el franquismo no permitía ciertas opiniones sobre la identidad diferenciada del pueblo vasco. Las cuevas de Sara tienen una antigüedad calculada en dos millones de años. Desde Sara se accede al monte de Larrún. La población limita con Saint-Pée-sur-Nivelle, al noreste; Ascaín, o Azkaine, y Urrugne, o Urruña, al noroeste; y Zugarramurdi (Navarra), al sur. Una ruta medieval atraviesa el pueblo de norte a sur, en dirección a España. El pueblo cuenta con catorce oratorios de culto a santos cristianos.

            En el caserío, le dejé la máquina de fotografiar a Silvia (seis años). Es bueno que, además de los lápices, se familiarice con la Fotografía. Le dije cómo manejar la NIKON e hizo sus primeras fotos.

            La niña del matrimonio propietario del caserío, Inés, que estará por los diez o doce años, nos entiende; aunque muestra timidez ante unos desconocidos de Madrid: ¿por qué estábamos allí o habíamos elegido Sara?. No se atrevía a hablar en castellano: utilizaba el euskera o el francés, obligatorios en los centros educativos. Logramos entendernos, recurriendo a los gestos, al poco francés que manejamos, al inglés. La vida en un casón vasco, idéntico a los caserores que se pueden ver en la zona de Navarra o Euskadi, o en la zona vascofrancesa, es dura: no hay muchos lugares donde "gastar" el ocio.

    Tras acomodarnos, una cena ligera y descanso. El día había estado marcado por el largo viaje y la estancia en San Sebastián/Donostia, una de las ciudades más bellas y acogedoras de Europa.

Pablo Torres.

[Primer capítulo del libro "Caminos, lugares, acentos"].
Páginas 97 a 104. Se editará en diciembre del 2023 o enero del 2024.







viernes, 12 de mayo de 2023

ELECCIONES MUNICIPALES 2023 EN UN PUEBLO MANCHEGO

MIGUEL ESTEBAN, EL PUEBLO

DE LAS DERECHAS ETERNAS

 

Cruce de las carreteras hacia Quintanar de la Orden, Alcázar de san Juan, El Toboso y La Puebla de Almoradiel.

Hay casos difíciles de interpretar. ¿Cómo explicar que en un pueblo de La Mancha más árida, Miguel Esteban, desde que se recuperó la democracia en 1978, tras una larguísima dictadura, siempre ganen las derechas bajo las siglas UCD (Unión de Centro Democrático), AP (Alianza Popular) o Partido Popular (PP). Esta anomalía mental, el miedo a la libertad, quizá podría explicarla algún psiquiatra, salvo que estuviéramos ante una izquierda despistada, resignada a ocupar un papel secundario en el Ayuntamiento: ¿permiten que, en Miguel Esteban, ser de izquierdas se considere casi como un delito? Su papel municipal parece que será el de cuatro mirones con derecho al pataleo, sin cortar ni pinchar.

 ¿Cómo explicar que en un pueblo de La Mancha más árida, Miguel Esteban, 

desde que se recuperó la democracia en 1978, tras una larguísima dictadura, 

siempre ganen las derechas bajo las siglas UCD (Unión de Centro Democrático), 

AP (Alianza Popular) o Partido Popular (PP). Esta anomalía mental quizá 

podría explicarla algún psiquiatra, salvo que estuviéramos ante una izquierda 

despistada, resignada a ocupar un papel secundario

en el Ayuntamiento, como mirones sin cortar ni pinchar.

    La población de Miguel Esteban ha disminuido sensiblemente. Han pasado de ser 5.404 a 4.809 vecinos, en unos pocos años. El retroceso es preocupante: en el año de 1991, tenía una población de 4.673 habitantes. El dato indica retroceso al siglo XX y decadencia económica. Son muchos los migueletes que actualmente trabajan fuera del pueblo para llevar un sueldo a casa. Madrid es otro destino con salidas económicas a jóvenes migueletes con estudios. El pueblo no les ofrece nada: no hay salidas laborales. ¿Nadie lo ve, nadie lo quiere ver? ¿Culpamos a los podemitas, que ni están ni se les espera?

   Los resultados abruman. Entre 1983 y el 2003, fue alcalde Marcelino Casas (Ap y PP). Entre los años 2003 y 2023, el alcalde es/sería Pedro Casas Jiménez. ¿Qué hicieron por mejorar la vida de los migueletes? ¿Un parque? ¿Qué grandes obras han cambiado la fisonomía del pueblo? Miguel Esteban parece un pueblo suspendido fuera de tiempo, atrapado por sus atavismos religiosos producto de sus devociones o postureos fingidos para evitar el qué dirán. 

    Del PSOE, que alguna vez consiguió cinco representantes municipales, se puede decir que lo normal es que tengan cuatro concejales: invitados de piedra en los plenos municipales, incapaces de analizar la realidad. Parece que no saben llegar a sus vecinos, calle a calla, casa a casa: no tienen propuestas atractivas, o se desconocen. Se anuncian con reclamos de buenas intenciones, carentes de propuestas: "¡Buenas tardes Miguel Esteban! Quiero presentaron al equipo (del PSOE) establecido para nuestra candidatura en las próximas elecciones municipales, matizando que el verdadero equipo y candidatura está formada por todos vosotros. Personas con preparación y dedicación que provienen de distintos sectores y que constituyen el conjunto de generaciones que dan respuesta a todas las expectativas y anhelos de todos los migueletes. Con todo nuestro esfuerzo e ilusión trabajamos para abrirnos a una Alternativa seria y segura por el Bienestar de todos en Miguel Esteban".

    Si salen los cuatro concejales del PSOE, pueden darse por satisfechos. Pero volverán a ser minoría, salvo "guerra civil" en las derechas. Vox se ha excluido por sus propias razones que no parecen interesar mucho a nadie. No hay que ser profeta.

    Una frase repetida en Miguel Esteban es "Tú, no te signifiques", expresada por bastantes madres a sus vástagos. Significarse parece un sinónimo de auto-señalarse, de no pertenecer al rebaño, de poder ser mirado con resentimiento. La realidad es que esa pequeña frase parece obedecer a no significarse políticamente. En Miguel Esteban hubo, tras la guerra civil, una represión genocida contra los que "significaron" defendiendo la libertad y la democracia. Y se les contrarresta con un callejero actual repleto de nombres de grandes criminales, como "Plaza del Generalísimo" ocupando lo que siempre fue la Plaza de la Iglesia. La Ley de Memoria, de Zapatero, el alcalde se la pasó por la entrepierna: nunca dijo que la incumpliría, aunque no la cumplió: método de los desvergonzados que van por la vida de listos. La actual Ley de Memoria Democrática parece que no ha llegado a Miguel Esteban, o quizá sus autoridades locales no se han enterado de su publicación en el BOE. El callejero miguelete seguirá con sus nombres indignos, ante la pasividad de una izquierda a la deriva: no parece ofrecer mucho a sus vecinos. Es posible que sean un reflejo distorsionado de Emiliano García-Page, un psoísta gordito y feliz, obsesionado con/contra Podemos: el hombre no tiene otro mensaje. Podría militar en el PP.

    El alcalde Pedro Casas, afectado por un ataque de democracia personal, tiempo atrás cambió el nombre de la calle general Mola, otro gran genocida, autor de las "Directrices" para exterminar demócratas durante la Guerra Civil, por la del Padre Joaquín. Seguro que Cristóbal Fernández, tío del padre Joaquín, anarquista de la CNT encarcelado por los franquistas un buen número de años, se estará descojonando de risa si existe otra vida. Su sobrino Joaquín, de pocas convicciones religiosas, con una calle dedicada... una broma irónica de la historia para reírse de todos esos cantamañanas que le veían como un santo... padre Joaquín, líbranos de los pecados de la carne. Bastante castigo franquista recibió su tío Cristóbal por echar abajo la campana mayor de la iglesia de El Toboso.

    En la Wikipedia resulta asombroso que Miguel Esteban no tenga historia del siglo XX. No se cuenta lo que pasó en el Desastre de Annual (¿Combatieron migueletes en el protectorado marroquí, defendiendo los intereses privados de Alfonso XIII y el marqués de Comillas, reconocido negrero?), ni se citan las dictaduras de los generales Miguel Primo de Rivera o Berenguer; se olvidan que hubo una República, con un Ayuntamiento de derechas hasta febrero de 1936, sustituido por un Ayuntamiento democrático de izquierdas hasta febrero de 1939. En Miguel Esteban parece que no hubo guerra civil... y la hubo. Fueron muchos los migueletes que combatieron con el Ejército Popular de la República en Toledo, en Pozoblanco (Córdoba), en las defensas del sur del Tajo, en la batalla del Ebro... nada de eso se cuenta en la Wikipedia. Tampoco se narra la represión franquista de postguerra: toda la corporación municipal fue asesinada en Quintanar de la Orden (a excepción de un delator, al que condenaron a cárcel y luego desterraron), tras completar unos consejos de guerra llenos de mentiras y falsedades para acusarles de "adhesión a la rebelión". A fecha de hoy, nadie les ha rendido el menor homenaje. Y eso que defendieron la libertad y la democracia. En aquellos años de plomo, el asesinato de Eusebio Patiño Férreo "El Raco", en Miguel Esteban, representante del PSOE en el Ayuntamiento, primer teniente de alcalde, es una de las páginas más sangrientas y escondidas a los migueletes. Las milicias migueletas de Falange Española se emplearon a fondo: tortura y asesinato de un socialista en dependencias municipales. En Miguel Esteban han "derogado" el franquismo, un periodo que duró cuarenta años (dos generaciones), hasta 1975; aunque su sombra es alargada, llega hasta nuestros días. ¡Qué fuerte!

    El día 28 de mayo de este 2023 habrá Elecciones municipales y autonómicas en Miguel Esteban, en toda España. Los resultados migueletes se pueden adelantar, sin equivocarse: volverán a ganar sin despeinarse las derechas, salvo anomalía por bronca entre las derechas. El miedo a la libertad se volverá a repetir: los migueletes, incluso los que pertenecen a la clase obrera, incapaces de pensar por sí mismos, incapaces de salir de su propia prisión, votarán mayoritariamente derechas. Ojalá me equivoque y me tenga que tragar todas las palabras de este artículo premonitorio.

Pablo Torres (Madrid, 12 de mayo 2023)







jueves, 23 de marzo de 2023

Reseña/Pre-edición de "La Leica de Tina Modotti"

MODELO, FOTÓGRAFA... TINA MODOTTI

UNA MUJER ÚNICA EN LA GUERRA DE ESPAÑA

Sintió la necesidad de trasladarse a España, para ayudar a todos los que luchaban por la libertad y la democracia. Acompañó a Antonio Machado en su viaje a Valencia, se desplazó hasta Málaga para ayudar a los que huían de Málaga, en la llamada "desbandá", conoció a Gerta Taro...


Enfrascado en la lectura de "La Leica de Tina Modotti" pasé de largo dos estaciones de metro de mi destino y tuve que saltar raudo al andén de la tercera; si no llego a levantar la vista por inercia, acabo leyendo en libro en las cocheras. Esta confesión de viajero lector sintetiza el gancho de  la ¡novena! entrega de las aventuras de Tadeus Kunz, el peculiar detective creado por Pablo Torres.

A diferencia de anteriores novelas de la serie, en “La Leica de Tina Modotti" nuestro protagonista deja sus colaboradores Laura y Eduardo al frente de la agencia de detectives para dedicar más tiempo a Ivana y a sus hijas... y a su inevitable cuñada Berta.

Una videollamada (es el signo de los tiempos) a su amigo Esteban Zapata descubre a Tadeus la existencia de Tina Modotti, mujer, actriz, modelo, fotógrafa, política; a partir de esa epifanía, la novela sigue los pasos del deslumbrado investigador en pos de la vida de Tina en España en los días de la Guerra Civil. En las páginas del libro se suceden y entrecruzan las pesquisas de Tadeus con insertos históricos del holocausto ibérico y la presencia de Tina en España se va (re)construyendo, para el lector y para el detective, a base de conversaciones entre Tadeus y Esteban y de la investigación en los archivos que guardan la memoria del paso de la fotógrafa por España. 

Esta tarea de descubrimiento de la figura de Modotti y de recuerdo de los horrores del fascismo celtibérico se ofrece, como es habitual en Pablo Torres, con un lenguaje diáfano y preciso, acidez tierna y la imprescindible dosis de bilis para ajustar cuentas literarias con los malvados de la historia.

Pero además nos regala algunas escenas brillantes de tensión sexual entre Tadeus y Berta, inéditas hasta la fecha, trasposición tal vez del enamoramiento que Tina Modotti despierta en Tadeus y, es de suponer, en el autor. Por eso, el despiste subterráneo al que aludía al inicio no tiene mayor mérito, porque yo, como Pablo Torres, como Tadeus, también estoy enamorado de la mujer que fue Tina Modotti.

J. Rodher

J. Rodher, periodista, está especializado en la biografía de la fotógrafa italo-mexicana.

 

Rafael Rodríguez

Rafael Rodríguez  UN DESCONOCIDO INTELECTUAL     Vivió la vida con pasión, participando en carreras de motos, interpretando papeles en Teatr...